El Hilo Mágico. Por Alejandro Christian Luna

Publicado en Revista Uno Mismo. 
Septiembre 2013.

Los astrólogos más tradicionalistas tienden a ver con cierto resquemor a sus colegas orientados a lo psicológico. Éstos, a su vez, tienden a desvalorizar las herramientas predictivas y a toda la filosofía que las sustenta. Algunos astrólogos kármicos pueden no darse cuenta de su soberbia espiritual, que les hace minimizar a sus colegas más terrenales.

Y si bien dentro de la comunidad astrológica existen muchas diferencias de enfoque, filosóficas y metodológicas (y está muy bien que así sea), todos coincidimos en que hay tres temas fundamentales para tratar en cada carta astral u horóscopo (1): la Luna, el Sol y el Ascendente.

Cuando uno se define por ejemplo como "virginiano", se está refiriendo a la posición de su Sol en la carta natal. Es decir, la que tienen todos aquellos nacidos aproximadamente entre el 23 de agosto y el 23 de septiembre, pues es solo durante esas fechas del año en que el Sol se mueve por la franja de 30º del Zodíaco a la que llamamos Virgo. Pero claro, uno es mucho más que su Sol, y tanto la Luna como el Ascendente pueden estar en cualquiera de los doce signos.

Si el Sol puede darnos indicaciones de cómo es mi identidad profunda, la Luna nos dirá cuales son mis necesidades afectivas básicas. El Ascendente tiene dos significados principales, por un lado nos dice cómo me muestro a los demás en tanto personalidad, y por otra me dice cual es el tipo de energía o cualidad que estoy destinado a aprender y desarrollar a lo largo de toda la vida. ¿Y cómo me lo hará aprender la vida? Es un tema de proporciones. Si yo siento que no tengo nada que ver con la energía del Ascendente, éste se manifestará casi exclusivamente por cierto tipo de experiencias de destino, o estaré rodeado de personas que cuentan con esa energía y me la muestran sistemáticamente.

Por ejemplo, si uno tiene Ascendente en Virgo y Sol y Luna en Aries, es muy, muy probable que la persona se defina como un ser impulsivo, apasionado y deseante, además de agresivo, reactivo, competitivo, etc. El Ascendente Virgo quedará entonces muy lejos de la consciencia, generando un destino laberíntico lleno de límites, circularidades y achicamientos que frustrarán constantemente los unidireccionales deseos arianos.

Podemos pensar que esta persona acaso nació con una "mala estrella". ¿Cómo el cosmos puede ser tan tonto de darme un Ascendente Virgo, teniendo yo tanto fuego ariano?...

Pero obviamente el cosmos no tiene nada de tonto, el tema es que nos identificamos sólo con un fragmento de nuestro potencial energético y lo que resta por expresarse me toca vivirlo por destino... "me ocurre".

Uno es mucho más que el Sol, la Luna, el Ascendente y demás factores de la carta. Tampoco es la suma de todos los fragmentos pues, como sostiene el paradigma sistémico, uno es más que la suma de las partes; y este "plus" es lo que la Astrología nos invita a descubrir.

Caos y atractores extraños

Durante el siglo XX la matemática y la física revolucionaron la ciencia. La supuesta objetividad, neutralidad y realismo del método científico fue trastocado en su mismo fundamento. La física cuántica dio cuenta del caldo de energía impredecible que da forma a los objetos materiales predecibles. La teoría del caos, las estructuras disipativas y la geometría imposible de los fractales fueron los objetos de estudio de los cerebros más avanzados y preparados en ciencias duras.

Lo que parecía caótico, sin embargo, se ordenaba luego en un sistema mayor que trascendía el aparente caos. Descubrieron focos que atraían y ordenaban la dispersión, llevando todo el sistema a un orden mayor. A estos focos los denominaron "atractores extraños".

Haciendo una analogía con nuestro tema, ¿habrá un atractor en la carta natal capaz de organizar la fragmentación usualmente dada entre la Luna, el Sol y el Ascendente?

Muchas escuelas de sabiduría tanto en oriente como en occidente postulan la presencia del "observador interno". Es una perspectiva a la cual todos podemos llegar a alcanzar y permanecer, sobre todo si nos entrenamos con ese objetivo.

Qué nombre ponerle a este atractor es lo de menos (Alma, Sí Mismo, Testigo Sagrado), lo importante es que este espacio es lo único que todos tenemos en común, lo que en la carta natal puede representarse como el círculo vacío del centro. Se trata del centro generador del horóscopo, cuya periferia poblada de planetas, aspectos, nodos, etc. es caótica, cambiante y fragmentada, siempre diferente de una carta a otra; pero el centro es igual en todos los casos.

Desde este nuevo punto de vista podemos empezar a observar muy atentamente cómo nuestras identificaciones fragmentarias traban la fluidez que proviene del centro del mandala. Así comenzamos a percibir una especie de hilo que conecta estos tres factores primordiales de toda carta natal, como decíamos: Sol, Luna y Ascendente.

Este centro de la carta es el atractor que termina organizando el despliegue de toda la energía. Desde allí se va hilvanando un verdadero hilo mágico que permite alinear, ordenar, resignificar, actualizar y potenciar la original riqueza simbolizada por cada carta astral.

En el caso anterior, la persona se dará cuenta que hay una luminosa hebra que une su Luna y Sol ariano con su Ascendente Virgo. Al sentir la conexión adentro, se acercan simultáneamente las distancias internas y externas. El ariano ya no se sentirá frustrado, porque su accionar será mucho más preciso, casi perfecto. Es decir, descubrirá que no es ariano sino una especial y particular síntesis Aries-Virgo.

A medida que cada uno de nosotros permita ser organizado por esta inteligencia (que nada tiene que ver con el ego ni con la voluntad), los hilos se irán desenredando naturalmente, enhebrando, articulando. Así podremos ver que somos parte de un increíble diseño vincular, porque lo que se observa es un tapiz, una trama de tejido que nos une como seres humanos y aún más allá, trascendiendo géneros, razas, ideologías, especies. Es la trama multidimensional y co-creativa de la vida lo que empezamos a sentir y a ver.

Un verdadero hilo mágico se ha desplegado desde el centro mismo del Ser, haciendo que fluya a través de él la información que va de una dimensión a otra, transformando cuerpo, psique y mente de un ser humano que, por fin, comienza a reconocerse apasionadamente en cada experiencia, en cada vínculo y en cada hecho concreto de su vida.

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(1) El término horóscopo deriva del griego hora, "hora", y skopeo, "examinar". Es otra forma de denominar a la carta natal.