Articulos de Astrología Psicológica

Ciclos del devenir de Alexander Rupertti: Conclusiones

Comparto un texto que está al final del libro “Ciclos del Devenir” de Alexander Rupertti que refleja punto por punto lo que nos motiva transmitir desde la escuela Astro-síntesis donde abordamos la enseñanza de la astrología desde un enfoque de autoconocimiento ampliamente comprometidos con la idea del desarrollo pleno de las cualidades esenciales de cada uno.

Confiando plenamente en que cada paso que vamos dando en esta formación tiene este “compromiso humanista” del que habla Alexander Rupertti, sé que aunque sea en forma incipiente va quedando alojada en cada uno, la semillita del crecimiento interior que será activado en sus fases correspondientes y sé que tendrán herramientas para responder a eso...

Sin más agradeciendo enormemente a los alumnos que pasaron a los actuales y a los profesores que confían en seguir acompañándome en esta aventura del alma los dejo con el texto que no tiene desperdicio...

Atte. Adriana Sanchez directora de la escuela de Astrología Astro-síntesis*

 

...El compromiso humanista es, sobre todo, un compromiso de ser tan plenamente como sea posible lo que uno es potencialmente. Cada persona nace para expresar, de modo tan puro como sea posible, la promesa contenida en su mapa natal. Esto implica naturalmente ciertos problemas que deberán resolverse y ciertos desafíos que deberán afrontarse. Una vez Rudhyar dijo que, de algún modo, todos somos la expresión de un problema y la posible solución de ese problema. En consecuencia, un individuo sólo podrá resolver ese problema si realmente ES lo que su mapa le muestra que potencialmente es.

 

Desde cierto punto de vista, este problema es la vida misma. Sin embargo, hay muchos pormenores específicos más que han de añadirse a esta idea. Todos somos ejemplos de lo que un ser humano puede ser, mientras que al mismo tiempo cada uno de nosotros tiene algo que al otro le falta. Esto es cierto no sólo en términos de los dones y talentos individuales, sino más especialmente en términos de la faceta individual de la verdad que cada persona tiene que expresar. La verdad total serán todas estas facetas ensambladas. Por tanto, cada persona deberá hallar su propio método y su manera individual de expresar esa verdad.

 

El compromiso humanista no es fácil, porque vivir la vida consciente significa que uno deberá ser primero un verdadero individuo, y para ser un verdadero individuo uno deberá, primero de todo, tomar su distancia de los demás, de lo que la mayoría irreflexiva acepta. Una persona tiene que ganar una perspectiva sobre lo que todos los demás creen, sienten y piensan. Deberá averiguar las cosas por sí misma, más que suponer meramente las opiniones de los que le rodean. Así, uno deberá primero aislarse psicológicamente del resto del mundo.

 

El proceso de individuación implica inevitablemente aislamiento como su primer paso. El individuo deberá nacer del vientre psíquico de la familia o la sociedad. Esta es generalmente la parte más difícil de todo el proceso, liberándose de todas las presiones y prejuicios del medio ambiente de uno y de todas las ideas y valores supuestos por los demás y que no deberán tomarse más por sentados. Esto no significa necesariamente separarse de los sentimientos y emociones de uno; sin embargo, uno deberá aprender a experimentar sus sentimientos con su propio modo personal.

 

Por tanto, un individuo deberá inicialmente ganar una perspectiva sobre el modo en que sus sentimientos habituales son condicionados por los sentimientos de los que le rodean, sobre el modo en que se le hizo sentir y pensar de acuerdo con los ejemplos y normas de los demás.

 

Una vez que una persona consigue separarse del modo aceptado de ver y hacer las cosas, estará en posición de determinar cómo podrá sumar algo nuevo. ¿Cómo podrá un individuo usar su mapa natal como guía para ganar esta nueva perspectiva? El primer paso es vivir y trabajar de acuerdo con el significado que uno encuentre de acuerdo con su edad específica en esa época (el Factor Edad).

 

El desarrollo individual de uno está ligado inextricablemente al factor edad, pues éste expresa el fundamento genérico de todas las variaciones individuales. Antes de los 28 años de edad, cada persona trata, consciente o inconscientemente, de actualizarse. A fin de hacer esto, una persona deberá primero atravesar los logros de su pasado racial y cultural que llevaron hasta el momento actual. Sin embargo, en vez de continuar viviendo del modo indicado por el pasado, como lo hacen tantas personas, el humanista tratará de USAR ese pasado como punto de partida de algo nuevo. En otras palabras, no repetirá simplemente lo que ya se hizo, con modificaciones solamente superficiales que nada cambian esencialmente. Más bien, tratará de sumar algo nuevo a lo que existió antes. Por tanto, los primeros 28 años de edad deben representar un proceso de asimilación de los frutos del pasado. Así, un individuo deberá llegar a ser amo de todas las funciones y talentos a su disposición, de todo lo que posea externa e internamente, a fin de ser él mismo. Una persona no podrá ser verdaderamente un individuo en el sentido psicológico del término antes de esa época.

 

Un niño prodigio no es todavía un individuo verdaderamente creador. Es una expresión de su herencia, de su familia o del pasado de su alma, y a menos que haga algo como individuo con su don, cuando alcance la madurez será probablemente olvidado. La vida creativa real, como verdadero individuo, no puede empezar antes de los 28 añosde edad.

 

No hay edad específica en la que .sea demasiado temprano para aceptar el compromiso humanista, pues todos deberán empezar en alguna parte. Una persona puede empezar su estudio antes de los 28 años de edad, como un médico comienza su estudio de la medicina antes de esa edad. La cláusula es aquí que uno aplique los principios humanistas a su propio mapa al comienzo y no trate de usar la astrología sólo para otras personas. La astrología humanista deberá ser primero una experiencia PERSONAL. Todo trabajo subsiguiente en astrología humanista brotará entonces del compromiso inicial con uno mismo. Así, cuando una persona desea asumir el compromiso humanista, debe empezar con su propio mapa natal.

 

Después de intentar entender su pauta natal, debe entonces calcular las progresiones y los tránsitos desde el nacimiento hasta el momento actual a fin de ver cómo su vida, como la vivió, encaja en la pauta humanística de tales progresiones y tránsitos. Esto exige prestar atención consciente a los significados más profundos que el humanismo aplica a todos los factores astrológicos.

 

En vez de estudiar los propios tránsitos y progresiones en términos de acontecimientos y altibajos de triunfo y felicidad de uno, un astrólogo humanista tratará de verlos y usarlos en términos de su crecimiento potencial en madurez personal y social.

 

Alcanzar una verdadera madurez personal es tarea difícil en todo tiempo, y hoy es inclusive más difícil porque toda la sociedad se empecina en mantener a todas las personas en un estado de inmadurez perpetua, condicionada para que compre lo que la economía produjo. En el moderno modo de vida todo se abastece con el propio orgullo y estimula su sentido de la codicia y la envidia. Refuerza la pereza y la complacencia inherentes, y fomenta un miedo básico de inseguridad. Sostiene un deseo infantil de depender de los .demás o de salir con la suya a toda costa. Los principios sociales y morales de conducta perdieron su autoridad y, en consecuencia, el contacto personal se tomó cada vez más irresponsable. La psicología profunda, o un tipo de astrología que sea verdaderamente psicológica en su orientación, podrá ayudar a un individuo a que sea una persona más madura.

En este caso, la astrología sólo se aplicará siempre que no sirva, como mucho de lo que lleva su nombre, como un escape de la responsabilidad personal a través de un énfasis malsano sobre las "influencias" externas como si fueran responsables de lo que uno es, hace y experimenta.

 

La astrología humanística centrada en la persona está en posición de ayudar a un individuo a ser maduro porque fomenta la aptitud de concentrarse objetivamente en las facetas básicas de la personalidad total de esa persona, una tras otra, sin evasión o rebeldía innecesaria. Le permite a uno concentrar su atención, con una finalidad, en lo que se revela astrológicamente en todo tiempo como el foco principal del desarrollo personal.'

 

Una persona que, durante cualquier fase de su vida, hace lo que es necesario que ella haga, no tendrá tiempo para complacerse en las travesuras de un niño malcriado. No se considerará víctima perpetua del cosmos, cavilando constantemente sobre por qué fue especialmente elegido para la aflicción.

Un astrólogo deberá comprender que hoy, el problema básico de la mayoría es que ésta nunca sabe qué es lo que debería estar haciendo.

Debido a la inmensa confusión de valores del mundo moderno, la vida no es más estructurada por principios ·morales y espirituales de conducta que valgan la pena. La tarea del psicólogo, o del astropsicólogo, es aclarar las dudas, los problemas, los miedos y los conflictos personales que asedian a los individuos del siglo XX.

 

El enfoque humanístico podrá sumar a este trabajo psicológico el conocimiento· de aquello por lo que un individuo ha de trabajar, en cualquier momento particular, con referencia a la tarea de toda una vida de lograr la plena madurez personal. Si un astrólogo cree que los problemas conectados con la adolescencia o la menopausia se deben al tránsito de Saturno en oposición a su posición natal en esos tiempos, y que es la "influencia" de ese planeta la que, en consecuencia, es responsable del sufrimiento y los conflictos que ocurren, entonces nunca podrá usar la astrología de modo psicológico constructivo. En astrología, la cuestión nunca debe ser cómo emplear el "libre albedrío" de uno a fin de evitar la crisis biológica o individual medida por aspectos planetarios. Un astrólogo debe conocer que las crisis del crecimiento deben sobrevenir en toda vida. Las crisis son necesarias porque son esenciales para el desarrollo de la personalidad.

 

La libertad individual no consiste en tratar de decidir si uno tendrá o no una crisis, sino en el significado que una persona le dé. La aptitud para dar significado es la única característica básica espiritual de los seres humanos. En sus experiencias en los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, Víctor Frankl descubrió este atributo singularmente humano. La astrología humanística puede desarrollar esta aptitud.

 

Para el astrólogo humanístico, el juicio de valor que uno da a una experiencia o a un acontecimiento no es inherente a la experiencia o al acontecimiento mismo. Los juicios de bueno y malo, favorable o desfavorable, son el resultado de lo que una persona piensa y siente en esa época. Si uno cambia los valores sobre los que basa sus acciones, sentimientos y pensamientos, entonces también cambiará el significado de sus experiencias.

 

En consecuencia, cuando un astrólogo rotula un acontecimiento o experiencia posible como "malo" porque tradicionales libros de texto astrológicos declararon que los planetas involucrados son "maléficos", o los aspectos son "horribles”, o eI grado involucrado está vinculado a una estrella fija que aporta sucesos catastróficos, entonces su interpretación tendrá una influencia evidentemente negativa. El significado que la persona que le consulte extraerá de la experiencia o acontecimiento será entonces también negativo, y ése es un crimen psicológico. Así, es esencial que el astrólogo aprenda tan pronto como sea posible que CUALQUIER condición o aspecto astrológico podrá corresponder a una victoria espiritual. El astrólogo que es incapaz de admitir este hecho y que, en consecuencia, tiende a obstruir esta victoria mediante consejo negativo que estimule miedo o sentido de culpa o inferioridad es una amenaza para la sociedad. El único modo de evitar este peligro es que las personas en general comprendan, aunque no lo hagan los astrólogos orientados hacia los acontecimientos, que los factores astrológicos NO se refieren esencialmente a acontecimientos externos o fuerzas exteriores al individuo, sino a fases de crecimiento de la personalidad.

 

Las oportunidades de crecimiento que no se afrontan· plenamente dejan un residuo de negocio sin terminar que inevitablemente deberá ser tratado más tarde. Ese es el significado real de karma -un negocio del pasado, sin terminar. Sin embargo, si uno consigue satisfacer completamente todo lo que la vida le exige, no es. menester que haya residuo alguno de negocio sin terminar. Lograr esto lleva a la maestría espiritual.

 

Sin embargo, el crecimiento espiritual no se detiene aquí. Si uno llega al punto en el que logró todo lo que se proponía como individuo, entonces llega la hora de que se le pida que asuma responsabilidades mayores, asuma el karma de grupos, y a su tiempo, de la humanidad en conjunto. Este es el ideal espiritual cuyo ejemplo es la vida de Cristo.

 

A fin de afrontar positivamente los desafíos de la vida y crecer como "yo" consciente, cada persona deberá primero saber que ella es un "yo'~ individual con una finalidad por lograr y una madurez por alcanzar. Si no sabe ni siente esto, entonces nunca podrá usar consciente y significativamente las energías y poderes, físicos y psíquicos, conscientes e inconscientes, que su herencia y medio ambiente le ofrecieron como medio de expresión. Entonces, estas energías y estos poderes la usarán a ella. Astrológicamente, la 2ª Casa dominará a la 1ª Casa.

 

Una persona se sentirá simplemente como expresión de los diversos instintos, impulsos y deseos que la dominan, uno tras otro, como un planeta tras otro se acentúa por progresión o tránsito. Por esta razón, si un astrólogo presenta un mapa natal como simplemente el cuadro de diversos impulsos y deseos, ni su cliente ni el mismo astrólogo aprenderán jamás a manejarlos constructivamente. He aquí también por qué la astrología humanística más bien pone su acento sobre el yo que sobre sus poderes. Su intención es ayudar a una persona a que comprenda que su finalidad vital es usar sus poderes en términos de la calidad espiritual del ser que su momento natal le propuso que revelara progresivamente a través de los años.

 

El astrólogo tiene una responsabilidad personal para con su cliente en términos del modo en que ese cliente responderá (y tal vez seguirá) el consejo dado. Nunca debe ser cuestión, partiendo de un mapa, de tratar de "ver" lo que ocurrirá, y luego pasar esa información al cliente sin tener en cuenta las consecuencias. Eso no sería consejo psico-astrológico sino simple adivinación, sin tener en cuenta cuán sofisticados y "científicos"son los medios usados. En todo caso, antes de hablar o escribir, el astrólogo debe preguntarse qué podrá hacer el cliente con la información que él le dé. Como todo rasgo de un mapa natal que incluya las progresiones y los tránsitos pueden tener un potencial tanto positivo como negativo, la función del astrólogo no es cristalizar este significado como "negativo" cuando se ocupe de posibilidades presentes y futuras. Deberá aclarar la naturaleza del desafío en términos del desarrollo y finalidad totales de la vida. La decisión de actuar positiva o negativamente deberá seguir siendo eternamente responsabilidad del cliente; y cuando digo "positivo" o "negativo" significo un camino que conduzca a la realización espiritual o a la pérdida del yo en los valores materiales.

 

Al terminar, me agradaría aclarar que cuando hablo de progresiones y tránsitos como revelando el modo en que una persona debería actuar en términos de su "finalidad de vida", nunca me refiero a acciones concretas o acontecimientos específicos. No hay un destino fijo para ningún individuo. Posibilidades de diversa índole están constantemente abiertas a toda persona y en cualquier edad. Cada posibilidad contiene la energía latente para hacer que se convierta en un hecho real.

Los factores astrológicos describen el tipo de posibilidades abiertas a una persona, y es esto lo que el "astrólogo podrá aclarar a su cliente. No corresponde al astrólogo escoger qué posibilidad ha de convertirse en un hecho real. Aunque puede hacer que el cliente tome consciencia de que cada posibilidad podrá materializarse en una vasta cantidad de modos y en muchos niveles diferentes de la realidad, la elección final deberá dejarse para el cliente.

 

Si una persona no logra decidirse o se siente incapaz de ejercitar su voluntad en una dirección dada, entonces lo que resulte será simplemente la consecuencia del impulso del pasado de esa persona. Entonces, el futuro será determinado por el negocio inconcluso de su pasado, por sus miedos y frustraciones, y por la' presión de las influencias resultantes de su familia, comunidad o nación. Y si uno no logra decidir su propio destino, entonces el pasado decidirá por uno. Esto es especialmente cierto cuando uno teme la recurrencia de alguna experiencia difícil. Con su propio miedo, una persona podrá convocar realmente tales experiencias desde el reino de la posibilidad y hacerlas reales. Uno no tiene derecho a censurar a la astrología si, en vez de ejercitarse en una dirección escogida conscientemente, una persona aguardó pasivamente que ocurriera algo o reaccionó sin finalidad consciente ante lo que la vida le presenta.

 

En consecuencia, aprendamos a usar a la astrología como un medio para vivir más conscientemente, como un medio para estar plenamente despiertos y conscientes de lo que está en juego cuando en nuestras vidas sobrevienen momentos de decisión.

 

Las fases críticas -conjunción, semicuadratura, cuadratura, sesquicuadratura y oposición- en todos los ciclos planetarios e interplanetarios representan siempre momentos de decisión, momentos de nuestras vidas en los que debemos estar despiertos ante la necesidad de escapar de alguna actitud o situación que tiende a limitar nuestro crecimiento, o que nos mantiene esclavizados al pasado.

 

Siempre enfrentamos la vida con lo que, en ese tiempo, nos parece lo mejor de lo que somos capaces. Sea cual fuere la actitud que adoptemos, lo hacemos porque el equilibrio total de nuestra naturaleza en ese tiempo nos inclina a actuar de ese modo y porque creemos que será para mejor. A través de las crisis y muchas derrotas parciales en todas las vidas, aprendemos lentamente a cambiar este "equilibrio total" de nuestras naturalezas. Y así crecemos. No hay otro modo...

 

Nota: Pueden adquirir el libro “Ciclos del Devenir” pauta planetaria del crecimiento de Alexander Rupertti en Libros Guillermo Messina

 

La Navegación de la Conciencia por Alejandro Lodi

La carta natal es el mapa de navegación del viaje de la conciencia.

El viaje de la conciencia necesariamente expresa una dinámica de la psique, desde identificaciones polarizadas hacia el reconocimiento de la polaridad, desde la lucha de polos en antagonismo hacia la vivencia yin-yang. El viaje de la conciencia se desarrolla en conflicto con el destino (los hechos del mundo externo y las personas con las que nos relacionamos) hasta que deviene el sufrimiento de un colapso. Ese colapso puede ser “el fin del viaje”: una cristalización terminal que no permite dar respuesta. O puede ser un portal a la transformación de la conciencia: la muerte del encanto de ser una entidad separada de la corriente general de la vida y el nacimiento de una conciencia que se reconoce en el destino.

Nos identificamos con fragmentos de la totalidad del ser. Y atraemos inconscientemente los contenidos excluidos y complementarios. Nuestras identidades fragmentarias generan destino. El yo atrae destino: experiencias que nos acercan a aquello de lo que intentamos separarnos. El destino como reunión, como cita con lo que soy y evito. Lo evitado es un contenido del ser que me anima y que, no obstante, parece “no ser mío” porque contradice la imagen que tengo de mí mismo. Lo evitado es la sombra de esa luz que representa la imagen consciente de uno mismo.

La sombra no es “lo que todavía no ha sido iluminado”, no es lo que al yo consciente “le falta aun integrar” del inconsciente. La sombra no es “un trabajo que tengo pendiente”. La sombra no es “deber ser” (esto es, un compromiso que debo cumplir). La sombra es el ignorado complemento de la imagen luminosa del ego. La sombra no le pide al yo que mejore, sino que se transforme. La sombra no pide crecer como persona, sino morir a la imagen egoica. La madurez de la conciencia no implica una versión mejorada del yo, sino su mutación. No implica sabiduría, sino una alteración de la percepción de la realidad.

Lo que vemos en consulta astrológica

En consulta vemos la potencialidad de la carta natal (de una vida) y también el recorte de ella en la que ha hecho identidad la conciencia personal. El yo desarrolla mecanismos de defensa para evitar el contacto con todo el contenido psíquico que ha sido descartado y que representa una amenaza a su existencia. Necesita defenderse por supervivencia: el yo sólo es, sólo subsiste, si se confirman los atributos con los que se ha identificado. Toda información que no refuerce esa sensación de identidad personal es percibida como ajena, como un riesgo mortal. Cuando esos mecanismos defensivos se muestran ineficaces, aparece entonces el sufrimiento psicológico. Y es ese padecimiento el portal a la transformación. Lo único que puede disolver ese dolor es reconocerse en lo temido, aceptar la sombra.

En cada consulta, el reto del astrólogo es descubrir dinámica de polaridad en las polarizaciones del consultante. Exponer la oportunidad detrás de cada sufrimiento. Ver yin-yang donde la persona sufre antagonismo. Si en el antagonismo la conciencia siente orgullo o satisfacción, entonces no hay consulta. Para percibir yin-yang tiene que haber insatisfacción o dolor. Y ver yin-yang significa percibir la evidente interpenetración de los polos en conflicto, el ineludible abrazo de aquello que parece rechazarse, la creativa cópula de lo que se creía en recíproca exclusión.

El sufrimiento de la persona está en vínculo con lo que la identificación consciente ha dejado afuera. El desafío de la entrevista astrológica consiste en estimular la sensibilidad del consultante (disolviendo el miedo y abriendo confianza) para reconocerse en (aceptar) el destino del cual se siente víctima, en facilitar que el espacio de consulta permita resignificar su relato de vida desde una “nueva luz”, es decir, desde una nueva y más comprensiva imagen de sí mismo.

Cada imagen de sí mismo que emerge disuelve a la anterior e inicia una nueva trama de la dinámica de revelación del ser, dinámica que siempre será entre consciente e inconsciente, identidad y destino, luz y sombra. La dinámica no tiene un punto de llegada, no tiene una cima que deba ser alcanzada con destreza o mérito. La dinámica consciente-inconsciente es la sustancia misma de la conciencia. Conciencia es dinámica. Conciencia es viaje. Un viaje que revela un territorio que no puede conocerse si no es desarrollado. La carta natal es el mapa de un territorio que cobra sentido mientras es recorrido. Ese territorio es una vida humana y un destino. La carta natal es el mapa presente de un territorio siempre futuro.

.Alma, sombra, hechos, otros

El viaje de la conciencia, el misterio del despliegue del ser, no es un mandato, no es un modelo preestablecido con el que debo cumplir, no es un proyecto individual, no es separado o aislado de los demás. La revelación de lo que somos es una respuesta intuitiva creada a medida que se despliega en el destino, es vincular y generada o creada en red. Por lo tanto, “nuestra” vida es co-generada y co-creada; no surge de la constricción o del repliegue sobre uno mismo, sino en la expresión espontánea de la interacción vincular.

El destino (los hechos, los otros) da información de uno mismo, mucho más rica que el relato o definición que nos damos como personas. Rechazar el destino es extraviarse de uno mismo. Desoír lo que dicen nuestros vínculos acerca de nosotros y de nuestras vidas es disociarse.

El yo es necesariamente una imagen disociada, desenfocada. Y es así porque el yo personal es constitutivamente una sensación de identidad separada de los demás. Será una dimensión más profunda -el alma- la que repare esa disociación y le recuerde a la conciencia su conexión con todo lo demás. La personalidad disocia, el alma reúne.

Alma es reconocerse en otros. Es, en definitiva, amor. El desafío de aceptar al otro, no sólo como participante, sino como expresión esencial del propio campo vital y psíquico.

Alma es reconocer la sombra. Es, en definitiva, transformación. La sorprendente evidencia de que lo temido, negado, reprimido o proyectado en los demás revela un legítimo contenido de mi ser (o del ser profundo que anima mi vida) y, por lo tanto, la persuasiva invitación a validar el cuestionamiento que representa para nuestra propia imagen personal.

Descubrir la sombra y no transformarse implica contaminar la vincularidad y riesgo de quiebre psicológico. El miedo a transformarse genera más sufrimiento que el de reconocerse en la sombra. Somos víctimas de la sombra. La sombra victimiza al yo. Y la sombra es el otro.

Alma, sombra, hechos, otros. El tesoro de lo que no sabemos acerca de nosotros. Lo que ignoramos de nuestra vida como fuente de la más rica creatividad.

Navegar la conciencia. Confiar en indicios. Ver símbolos en las estrellas. Llamar al viento.

 https://alejandrolodi.wordpress.com/2016/12/03/la-navegacion-de-la-conciencia/

 

 Una Mirada Integradora por May de Chiara 

Astropsicología: May de Chiara

 May de Chiara es psicologa -formada en diferentes corrien­tes- y astróloga. En las terapias con sus pacientes, asegu­ra, toma las herramientas de la psicología y el lenguaje y la visión abarcadora de la astrologia. Así, afirma, es posible ayudar a las personas a comprenderse mejor.

Ella, psicóloga, psicopedagoga y astróloga, se define como una terapeuta que integra técnicas psicoterapéuticas. Y está muy compenetrada con el saber an­cestral que la astrología puede aportar a las más modernas técnicas de trabajo con los pacientes. "La psicología tiene muchas derivaciones de un tronco común, que co­menzó con el psicoanálisis con Freud. Ha ido recorriendo diferentes temáticas y ha ido abordando al sujeto desde diversas óp­ticas -como puede ser el cuerpo, la pala­bra, la dramatización- como una necesidad de ampliarlos métodos y así tener más he­rramientas. Ninguna de estas miradas antagoniza con las otras, sino que son com­plementarias. La astrología aporta una mi­rada de lo humano y de los procesos hu­manos, y de los procesos y ciclos de la na­turaleza, a través de un lenguaje sagrado, simbólico, que es muy comprehensivo y abarcativo", explica.

El psicólogo, que está en contacto con las problemáticas humanas se encuentra en el trabajo diario con la necesidad de ayu­dar a resolver conflictos. En el pensamien­to astrológico está escenificada una am­plísima gama de posibilidades de com­portamientos y también tensiones y con­flictos. A cada uno le toca una temática, según sea su carta natal y cómo esté la disposición de los planetas, pero todos compartimos las mismas energías de di­ferentes maneras. En un punto somos to­dos iguales, pero también diferentes. El in­dividuo de este siglo es más complejo que el de 1900: Freud definía la problemática de la época cuando hablaba de repre­sión sexual. Ahora podemos hablar otras problemáticas más vigentes. La identidad, los vínculos, la insatisfacción y la creativi­dad son temas más de esta época.

La herramienta primaria de trabajo de los terapeutas que combinan la astrología, es la carta natal, que se confecciona con los datos de la fecha, hora y lugar de na­cimiento de la persona. A partir de eso se hace un trabajo de análisis, en el que participa comprometidamente el pa­ciente. "La persona tiene la posibilidad de identificarse con diferentes aspectos, temáticas y conflictos de su carta na­tal. En ella está representadas sus ener­gías masculinas, femeninas, su emocionalidad, cómo vive lo paterno, cómo vive la autoridad, cómo se vincula con el se­xo opuesto, cómo se comunica y cómo piensa. Nunca se trata de imponer un dis­curso de 'yo sé cómo sos', sino la pro­puesta es acercarle al paciente la posibi­lidad de identificarse con su mapa ener­gético, y aceptarlo como una totalidad", apunta May.

"Creo que todas las técnicas son buenas, pero también cada una tiene su límite. El arte de un terapeuta es saber cuándo, có­mo y dónde utilizar una u otra. Tengo la idea de que la terapia, como la concebi­mos hoy, tiende a desaparecer en el fu­turo. Las personas buscan más experien­cias de crecimiento y aprendizaje, y la as­trología -al igual que otras técnicas como el yoga, la respiración, la dramatización y el trabajo corporal- tiene mucho para aportar. Estaren terapia no es algo natu­ral en la vida de una persona; esta tiene que servir como un aprendizaje y tiene que proveer de herramientas para que el paciente pueda seguir solo su camino. Es importante entender y conocer quién soy, pero también es importante llegara un nivel real de concreción y poder hacer cambios para vivir mejor"»

CURSOS

Ex docente de Casa XI, May De Chiara es directora de los cursos de "Psicología para astrólogos " y "Astrología para psicólogos" de Astropsique.

Más información en www.astropsique.com.ar o por mail a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. .

Nota en revista Uno Mismo

 LINK: http://astropsique.blogspot.com.ar/2010/02/articulo-publicado-en-revista-uno-mismo.html


Astrología y cuadros psicopatológicos

May de Chiara - Alejandro Lodi

Este trabajo fue elaborado a partir de una investigación realizada en colaboración con las psicólogas Eliane Btesh y Gabriela Galland para el seminario Psicopatología del curso Psicología para Astrólogos.
Fue presentado en el 10° Encuentro entre Astrólogos organizado por Gente de Astrología-GeA en junio de 2006, obteniendo el “Primer Premio Excelencia Astrológica”.
 
Nuestro punto de partida consiste en el cuadro con que la psicología tradicional presenta y clasifica los desequilibrios psíquicos, concentrándonos particularmente en las más severas: las denominadas «psicosis».
Intentaremos ensayar algunas hipótesis acerca de su correspondencia con los indicadores astrológicos que hacen referencia a la dimensión transpersonal de una carta natal.


¿Qué es la psicosis?
Nuestro trabajo trata acerca de la estructura más grave dentro de la psicopatología: la psicosis.
Esta estructura es radicalmente diferente de la neurosis y de la perversión. Se trata de los cuadros que tienen menor grado de estructuración psíquica. Es decir, refieren a las estructuras más frágiles y con sus complejos psicológicos (sus puntos de fijación) localizados en un período más temprano que en otros cuadros psicopatológicos.
En efecto, los puntos de fijación en la psicosis son pre-edípicos. Por eso, el grado de estructuración es menor, porque en la psicosis el principio de realidad va a estar desintegrado y va a haber cierta pérdida de unidad del yo, de las funciones del yo. En términos clásicos, en la psicosis el superyó nunca llegó a conformarse como una estructura fuerte y hay un esbozo de yo fragmentado. Aquí la predominancia la tiene el ello.
Vamos a ubicar, en primer lugar, dónde está el conflicto en la psicosis. Si en la neurosis, el yo está avasallado por el ello, la realidad y el superyó, aquí el conflicto se da directamente con la realidad. Así, ante una frustración del mundo exterior, el ello cobra predominancia, avasalla al yo y éste se desconecta de la realidad.
Precisamente, la psicosis representa un cuadro gravísimo porque se pierde el contacto con lo real. Los psicóticos producen una realidad nueva, que tiene que ver con los síntomas principales de la psicosis: los delirios, que es una construcción de una realidad nueva, y las alucinaciones, que es la percepción de una realidad nueva.
Ahora bien, ¿qué cuadros psicopatológicos están incluidos en la psicosis? La paranoia, la psicosis alucinatoria y la esquizofrenia. Además, vamos a incluir (por su gravedad y la desestructuración que representa, aunque no es una psicosis clásica) la psicosis maníaco-depresiva o, trastorno bipolar.
Hagamos una aclaración. Vamos a analizar “cuadros patológicos” y no “rasgos de carácter o personalidad”. Aunque la psicosis es un cuadro grave, eso no significa que cualquier persona no pueda sentirse identificada con un síntoma aislado de esa estructura, o que no posea como rasgo de personalidad alguna conducta o característica que ubiquemos en el cuadro. Así, en la cultura aparecen los rasgos de carácter “paranoico” o “delirante”, y eso es material compartido con el cual podemos identificarnos “desde nuestra neurosis”, es decir, desde un yo más estructurado, un yo que puede darle un sentido a la experiencia, o –en términos más astrológicos- un centro de identidad solar que puede organizar la experiencia sin que el síntoma lo desestructure. Por eso es importante diferenciarlo del cuadro psicopatológico de la psicosis.

Paranoia
Técnicamente, en la paranoia el punto de fijación está localizado en la etapa narcisista de la libido. Podríamos decir que hay una problemática con el yo, pero no es una patología narcisista que tenga que ver con “la imagen que doy a los demás”, sino que hay un yo que se empieza a postular como centro.
Como dijimos, en la psicosis hay un conflicto con la realidad por el cual el sujeto empieza a delirar. Sin embargo, la paranoia representa un cuadro de menor desconexión con la realidad, ya que se trata de un tipo de delirio que lo une a los demás. Si bien en las otras psicosis hay delirio, aquí es el síntoma principal y el delirio resulta más sistematizado, más organizado.
La paranoia es una de las psicosis menos desestructuradas porque todavía hay un yo que opera en el mundo y que guarda alguna conexión con la realidad.
En la paranoia hay una manía de interpretación, es decir, que el paranoico descifra todo: un ademán, una puerta entreabierta, una sonrisa, un sueño. Lo que caracteriza este cuadro son estos dos indicadores: la certeza y la autorreferencia.

.- Respecto a la certeza. El paranoico no duda de lo que interpreta. Por ejemplo, llega a la casa y piensa que la mujer “lo está engañando con otro”, y aunque encuentra a la mujer sola, o no la encuentra, está seguro de lo que cree. Una persona neurótica dudaría. En la neurosis siempre existe un margen de duda, mientras que el psicótico tiene certeza, y esta certeza es inconmovible.

.- Respecto a la autorreferencia. El paranoico interpreta que todo lo que ocurre refiere a él. Por ejemplo, siente que “el comentario de un periodista por televisión” refiere a él, que ese periodista “le está hablando a él”. Esto puede convertirlo en alguien muy peligroso, porque nunca se sabe qué puede interpretar. Como no está conectado con la realidad, tiene un pensamiento muy personal y original que resulta imposible de deducir.

El delirio más común es la «celotipia». Se trata de “una situación amorosa de dos” que se convierte en “una situación amorosa de tres”, en donde uno de los miembros de la pareja tiene la certeza de que el otro le es infiel sin tener ningún indicio cierto o cuando esto no ocurre en la realidad.
Otro caso es el «delirio erotómano». Se trata de la persona se siente amada por un personaje famoso. El erotómano pasa por distintas fases: fase de esperanza de que eso suceda, fase de despecho y luego fase de rencor.
También existe el «delirio reivindicativo». Se relaciona con el “discurso jurídico” y aquí el sujeto está esperando “que se le repare un daño que le han hecho”. Son personas capaces de sostener causas judiciales años y años, y lo logran justamente por estas características de certeza y autorreferencia.
El «delirio místico». Tiene que ver con aquellos que creen ser convocados para una tarea sagrada, que son llamados a ser profetas, y que deben que aguardar el momento de ocupar ese lugar que les está reservado. El delirio místico se suele dar en fases posteriores del desarrollo de la vida, donde el sujeto puede compensar y por eso puede no resultar tan conflictivo y disolverse.

Psicosis alucinatoria
Es una psicosis más grave, porque aparece más temprano. La paranoia en general es una estructura que se desencadena después de los 30 o 35 años. La psicosis alucinatoria es de más temprana aparición y, además, el sujeto está más a merced de lo que le pasa. El yo es más débil y desestructurado.
En este sentido, es clave destacar que el diagnóstico de una psicosis no se establece por el síntoma, sino por el grado de estructuración del yo. Toda persona puede presentar rasgos psicóticos, porque están en la cultura y todos nos identificamos con rasgos psicóticos y neuróticos. La diferencia está en el grado de estructuración del yo. Por ejemplo, estructuras con un yo que ha podido atravesar las etapas de la libido y sepultado el complejo de Edipo, son estructuras más equilibradas, más organizadas, pueden soportar una crisis sin desestructurar todo el psiquismo y hacer eclosión sólo en un área de la vida (por ejemplo, la pareja).
En el cuadro de la psicosis alucinatoria no solamente hay delirio, sino que hay cuadros de alucinación. El sujeto escucha voces, percibe que le transmiten pensamientos o que le leen el pensamiento, se siente a merced del otro, etc. Hay una situación más pasiva que en la paranoia, y el sujeto percibe cosas que no logra entender qué significan.
Es una psicosis con más angustia y las alucinaciones pueden ser visuales, olfativas o gustativas, pero lo que las caracteriza es que tienen un toque bizarro. Estos cuadros son más desestructurantes, y si bien existe también delirio, el delirio cobra aquí un matiz fantástico de pensamiento mágico o primitivo.


Esquizofrenia
Es el cuadro más grave de la psicosis, porque la aparición es aún más temprana. Este cuadro se caracteriza porque hay un proceso de desintegración de la personalidad, que también se llama «disociación autista de la personalidad». Esquizo, significa “división”. En todas las estructuras hay disociación, pero en la psicosis esquizofrénica llega a su máxima expresión.
El sujeto está emocionalmente fuera de la realidad. No existe contacto alguno, ni por medio del delirio, ni por medio de la alucinación. Retira toda su libido y puede permanecer estático y sin hablar, durante mucho tiempo. Si bien en el psiquismo humano siempre existe una disociación entre lo conciente y lo inconsciente, aquí el grado de disociación es máximo. ¿Qué es lo que se disocia? Lo emocional, disocia del cuerpo y de la mente. Aparece un cuerpo y una mente, sin emoción. El sujeto está indiferente, sentado, sin hablar. Pierde total contacto con la realidad y lo que se puede observarse es un vacío emocional, visible en su cuerpo: su cara tiene una expresión de mueca, de ausencia de todo sentimiento, está rígido, robotizado, sus movimientos son bruscos, no responden a la situación que está viviendo.
En la esquizofrenia el sujeto está absolutamente desconectado. Es un paciente más robotizado. Su lenguaje también es estereotipado, y puede haber mutismo. No responde a las consignas, puede invertir las partes de las palabras, inventar palabras que no existen. Es el caso de los autistas. Se disocian de la emoción. Incluso hay que alimentarlos porque no comen. Pueden golpearse la cabeza, son peligrosos para sí y para otros. No tienen control sobre sus actos.
Este es el único cuadro en el que, aún existiendo recuperación, queda afectado el pensamiento, el lenguaje y lo emocional. En los demás cuadros, el sujeto puede pasar la crisis y retornar a una “normalidad”. En cambio, en la esquizofrenia hay deterioro hasta la dementización. Antiguamente este cuadro se llamaba «demencia precoz», porque se dementizaba el paciente y por la aparición temprana que tiene. Puede aparecer hacia la adolescencia temprana. El cuadro con mejor pronóstico es la «esquizofrenia paranoide», porque a través del delirio el psicótico se vincula. Freud decía que el delirio es un intento de vinculación, un intento de restablecer un lazo y de curarse.
Algo importante que ocurre en la esquizofrenia es que se pierde totalmente la unidad del psiquismo. Desde el punto de vista astrológico, parece como si cada planeta funcionara por su lado, y por eso se habla de cuadro de «personalidades múltiples» o «esquizofrenia». Es una especie de disociación múltiple de la personalidad.

Psicosis maníaco-depresiva o trastorno bipolar
El trastorno bipolar clásico es un trastorno grave y no hay que confundirlo, por ejemplo, con una ciclotimia leve. El cuadro del trastorno bipolar se llama «circular», porque se caracteriza por tener ciclos. Tiene dos polos, un polo maníaco y un polo melancólico. Pero se habla de enfermedad cuando ocurre un episodio y el otro. Un maníaco es melancólico y el melancólico es maníaco, es una polaridad.
Empecemos por el «polo melancólico» o, como se lo reconoce actualmente, «depresión». No es la depresión que uno usa en el lenguaje común y que se caracteriza por el trastorno del humor. En la melancolía, hay una baja de energía, hay una disminución de energía disponible. Se caracteriza por una inhibición de las funciones psíquicas (el lenguaje, la atención, la memoria, la percepción, etc.) y de la actividad motora. El sujeto va lento, no tiene fuerza. Todos estos cuadros se presentan con trastornos somáticos (cefalea, fatiga, dolores musculares, hipocondría) y si aparece una enfermedad es aceptada con naturalidad.
Un punto importante es que en la melancolía existe un dolor moral: sentimiento de indignidad, autoreproches y culpa. Esto representa un plus en relación a la depresión común. El sujeto se culpa por todo, se siente carente de todo valor, se menosprecia, no tiene fuerza, tiene una sensación de anestesia afectiva, todo le da igual. Tiene una tristeza profunda por todo, casi no habla, no puede mantener la atención mucho tiempo. En general, no puede sostener el esfuerzo mental en ningún tipo de función psíquica.
Por eso el cuadro es muy grave, y puede incluir intentos permanentes de suicidio. El sujeto puede no comer, no dormir o dormir mucho. La melancolía es la depresión más grave.
Por su parte, el «polo o fase maníaca» se presenta después de la melancolía, como una fase de liberación de energía, de liberación de pulsiones. Aquí se levanta la represión y por eso resulta el opuesto del polo anterior. Hay un estado de hiperexcitación de las pulsiones psíquicas. En lo motor, el sujeto está agitado, no puede parar de moverse, está eufórico, se siente pleno, con proyectos múltiples, con alta excitación sexual. Puede fumar y beber en exceso, no dormir en absoluto.
En el pensamiento, pueden presentarse muchas ideas a la vez, una asociación rápida, una idea atrás de la otra, recuerdos fluidos que no cesan. Puede estar disperso en la atención porque, en realidad, “está en lo suyo”. El pulso está alterado, aunque el sujeto siente que está plenamente lúcido. Esta sensación de afluencias de ideas le hace sentir que está “pensando mejor y más que antes”.
En definitiva, el sujeto se siente expansivo, eufórico, optimista. En relación a lo somático, adelgaza, no duerme, tiene hambre y sed todo el tiempo.


La mirada astrológica sobre la psicosis
Como introducción, podríamos atender a que el común denominador de todos los casos presentados es que en ninguno de ellos existe una estructura básica y elemental del yo suficientemente desarrollada, donde lo emocional, el comando de las funciones psíquicas y la relación con la realidad funcionen como un todo coherente.
La funciones psíquicas representadas por los planetas personales no pueden coordinarse, carecen de un orden estructural. No hay un coordinador de la personalidad. Y estas funciones quedan alteradas: el pensamiento se altera (Mercurio), la vincularidad queda alterada (Venus), la acción queda alterada (Marte), la capacidad de síntesis y de dar sentido de vida queda alterada (Júpiter).
Sin embargo, tengamos en cuenta que este centro coordinador maduro y sólido (Sol) no nace sólo, sino que emerge de la elaboración del principio lunar y saturnino, esto es, de haber atravesado una estructura lunar que lo contuvo, lo nutrió, y permitió su crecimiento, y que luego supo desarrollar la capacidad saturnina de discriminarse de lo simbiótico, saber postergar deseos y aceptar los límites de la realidad.
En el psicótico esta elaboración básica no ha sido llevada a cabo.
Si prestamos atención, lo que terapéuticamente se trabaja en estos casos extremos es la posibilidad de construir a su alrededor una estructura Saturno-Luna capaz de contenerlo: puede ser una institución, el psicólogo, el acompañante terapéutico, la musicoterapeuta, la foníatra, la rehabilitadora, la familia, etc.
Es decir, se requiere construir todo un marco artificial para contenerlo y protegerlo del daño que pueden provocarse, tanto a sí mismos como a los demás. Existe un riesgo de daño personal y para otros, y entonces es necesario este marco contenedor y demarcador de la realidad.
Ahora bien, ¿qué profundidad podríamos darle a nuestro encuadre astrológico?
En principio, en astrología los planetas simbolizan funciones que resultan indispensable cumplir para que un sistema se desarrolle en forma saludable. De este modo, considerando que cada sujeto representa un organismo, los planetas simbolizan aquellas funciones biológicas y psíquicas que hacen a un correcto desarrollo como individuos.
Sin embargo, a efectos de la comprensión de los cuadros psicopatológicos, es clave distinguir entre planetas personales (incluyendo a Júpiter y Saturno) y planetas transpersonales.
Las funciones de los planetas personales (incluyendo a Júpiter y Saturno) hacen a la estructuración del sistema del yo. Así, organizados en un mandala, esos planetas simbolizan las funciones psíquicas internas que permiten la constitución del yo y su desenvolvimiento en la interacción social.
 
- Funciones planetarias constitutivas del yo -


Pero sabemos también que hay otras funciones planetarias, que no están al servicio de la constitución de un yo personal, y que incluso parecen pretender desorganizarlo.
En este sentido, los planetas transpersonales parecen simbolizar funciones vinculadas a generar la posibilidad de que este sistema estructurado en un yo sea sensible a realidades de otro orden y entonces pueda responder a aquello que está más allá de la experiencia individual y personal. Así, los planetas transpersonales cumplen funciones de trascendencia, expansión e integración con el universo.
Es muy ilustrativo referirnos a estas funciones transpersonales como trans-saturninas, porque de inmediato nos sugiere que están “más allá de Saturno”, esto es, más allá de la ley de la forma, más allá del límite de las estructuras conformadas.
De esta manera, por definición, los planetas transpersonales (“trans-saturninos”) simbolizan funciones que, en principio, son desorganizantes de la forma establecida. Y es clave considerar que desorganizan la estructura conocida para que el sistema sea receptivo –o se revele- a formas o dimensiones que están más allá de la forma cerrada.
Aplicado al proceso de estructuración del yo, esta función de los planetas transpersonales encierra un atractivo y un peligro: el atractivo de la expansión más allá del yo, y el peligro por la desorganización del yo que esa expansión puede implicar. Dicho de otro modo, simbolizan el atractivo de la trascendencia espiritual y el peligro del desequilibrio psíquico.

- Funciones planetarias trascendentes del yo -


En verdad, es fundamental discriminar que los cuadros de psicosis parecen representar reacciones de sistemas que no han llegado a desarrollar un yo integrado, antes que la desintegración de un yo previamente conformado. Y esto quizás pueda marcar una diferencia entre neurosis y psicosis: en la primera existe un yo estructurado que se desordena, mientras que en la segunda no se ha llegado a desarrollar una estructura psíquica sólida.
Entonces, nuestra hipótesis sería que la psicosis es una reacción patológica a la energía transpersonal, un desequilibrio que produce el contacto con lo transpersonal y que revela la ausencia de una estructura psíquica capaz de responder a ese contacto.
En verdad, esto pone de manifiesto que para acceder al contacto con lo que está más allá del yo, resulta imprescindible y necesario -aunque parezca obvio- haber desarrollado y estructurado un yo.
Porque si el contacto con lo que está más allá del yo -esto es, con lo transpersonal- ocurre antes de haber desarrollado una personalidad madura, esto será irremediablemente desbordante.


La clave del pulso Saturno-Júpiter
Otra hipótesis que podríamos elaborar es que aquellas estructuras muy sensibles a lo transpersonal son también más sensibles a caer en cierto desequilibrio, si antes no han sabido (o no han podido) organizar un yo maduro y estructurado.
De modo que esta frontera que marca Freud en su clásico cuadro de psicopatologías no es otra que la frontera saturnina.


Esa frontera, en realidad, es un límite que comunica dos dimensiones. No es un dique que debe defenderse de lo transpersonal, que debe evitar el contacto con lo transpersonal, sino que es un puente que comunica con lo transpersonal.
Por lo tanto, ese límite debe tener una doble cualidad: ser protectivo de la estructura del yo y, al mismo tiempo, de alguna manera permeable y habilitador de la experiencia transpersonal.
Podríamos decir que, en realidad, la función saturnina debe saber aliarse con la jupiteriana y viceversa, y que cuando esto no ocurre el sistema se desequilibra. Esa frontera es una modulación saturnino-jupiteriana, entre aquello que necesita ser conservado (un yo estructurado) y lo que necesita ser receptivo al misterio (el anhelo de trascendencia espiritual).
Entonces, para animarnos a acceder a lo que está más allá de lo personal tiene que haber sido desarrollada una estructura de personalidad madura. Esto explicaría por qué los desequilibrios que ocurren antes de completarse el primer ciclo saturnino -esto es, antes de los 28 años- resultan más críticos y de un pronóstico más reservado, respecto a los que se producen después.
Al mismo tiempo, ¿cómo podría distinguirse si se está en contacto con lo transpersonal o en delirio psicótico, si se está en contacto con lo sublime o disociado de la realidad?
Aquí cabe una hipótesis. Si quien comunica la experiencia pretendida como transpersonal, actúa excesivamente centrado en su yo, podríamos levantar sospechas de patología. Es decir, es posible tener la percepción de entidades sutiles, pero si yo traduzco este contacto con lo sublime y numínico como “un mensaje que la Virgen María me dio respecto a una particular misión que tengo que comunicar a los demás...”, es probable que el yo se haya inconscientemente apropiado de un contacto transpersonal. ¿Por qué? Porque el protagonista de la experiencia transpersonal no es el yo, sino la cualidad transpersonal en sí misma.
Y esto es algo que delata con mucha precisión lo apropiado o inapropiado del contacto con lo transpersonal. Si hay un yo que cree estar protagonizando la experiencia, podemos sospechar un desequilibrio. Y esto se vincula con la característica autorreferencial que ya fue descripta al analizar la paranoia.
En principio, la sensación de protagonismo ya resulta inapropiada para el contacto con lo transpersonal. Lo transpersonal remite al misterio. Que una experiencia resulte transpersonal significa que no puedo tener certeza racional de aquello que sea exactamente lo que estoy percibiendo. Estamos en contacto con el misterio.
En realidad, nunca podremos saber con absoluta convicción y certeza qué es Urano, qué es Neptuno y qué es Plutón. Por su propia naturaleza, no podemos saber de modo definitivo qué representan esas cualidades, porque su función es comunicarnos con lo universal, con lo que está más allá del entendimiento y –poniéndolo en astronómico- fuera de los límites del Sistema Solar.
En este sentido, Urano, Neptuno y Plutón son el nexo del Sistema Solar con el resto de la galaxia, tienen la paradójica función “dentro del sistema” de comunicarnos con lo que está “fuera del sistema”, y recordarnos nuestra pertenencia al Cosmos.

Los planetas transpersonales y los tipos de psicosis
Pero, ¿cómo podemos vincular a los planetas transpersonales con los tres cuadros de psicosis que presenta la psiquiatría clásica? Exploremos entonces estas posibles correspondencias.
La paranoia y la psicosis alucinatoria parecerían responder a un desequilibrio respecto a la cualidad neptuniana. Claro que cabe el interrogante: ¿qué es la alucinación? ¿lo generó mi mente o es una forma sutil que efectivamente percibí?
Por ejemplo, en estado de meditación lo que se percibe no está generado por la mente del individuo, en el sentido que su percepción coincide con la percepción de todos aquellos que practicaron la misma meditación: todos percibimos el mismo estímulo auditivo, todos vimos algo parecido, cierto resplandor, luminosidad, etc... Es muy poco probable que se trate de una imagen generada por la mente, sino más bien de un estado de percepción alterada que abre niveles de mayor sensibilidad. Desde esta sensibilidad expandida es capaz de registrar aquello que ya está presente, pero que no es perceptible con la sensibilidad de nuestro estado ordinario de percepción.
De este modo, el delirio y la alucinación representan una deformación de lo neptuniano, una traducción incorrecta de aquello con lo que el estímulo sensible de Neptuno permitió entrar en contacto. Neptuno no tiene la función de provocar confusión o generar alucinaciones, sino la apertura sensible a la percepción de otro orden de realidad.
Por ejemplo, gracias a Neptuno yo puedo percibir el déficit o la carencia de amor que mi pareja está teniendo. Pero, si esto lo traduzco como “entonces tiene un amante” (delirio celotípico) estoy interpretando de un modo incorrecto lo que percibí correctamente; es decir, estoy construyendo una interpretación incorrecta de una percepción correcta. También podríamos decir que por no contar con una estructura de personalidad suficientemente madura, la percepción de una situación objetiva (“falta amor en mi pareja”) se traduce en términos muy lunares, en extremo personales y subjetivos (“quiere a otro, no me quiere más a mí”).
Por su parte, la esquizofrenia tal como fue comentada, como este corte abrupto entre emociones anuladas por un lado y el cuerpo y mente por el otro, se corresponde con una distorsión de la cualidad de Urano.
En realidad, Urano no es esto. Urano es la experiencia de la libertad y creatividad del universo, la posibilidad de percibir que, en realidad, estoy protegido en lo abierto y estoy contenido en lo libre, que no necesito cerrarme en formas definitivas para sentirme protegido.
Urano propone una experiencia de difícil aceptación para lo humano: estar abierto a que cualquier cosa puede ocurrir y que no hay forma de “reducir a cero” el riesgo. Esto es intolerable para el yo que intenta proyectarse hacia el futuro con cierta previsibilidad.
De este modo, la esquizofrenia parece una reacción extrema a este grado de incertidumbre que anuncia la cualidad uraniana. Representa una reacción de corte o pérdida definitiva de contacto con la realidad, que deja en evidencia lo intolerable que resulta participar de ella siendo consciente de esta imprevisibilidad existencial.
Por último, la psicosis maníaca-depresiva se caracteriza por “picos de subas y bajas”, donde aparece la culpa, la pulsión, la impotencia y la omnipotencia. Todo parece relacionarla al contacto con la cualidad de Plutón.
En verdad, la conducta que busca culpables está delatando la incapacidad de ese yo para sostener el dolor de la experiencia. Plutón es la función que nos permite reconocer la presencia del dolor como constitutiva de la realidad. Sin embargo, la búsqueda de culpables indica la no aceptación de que el dolor forme parte de la realidad, sino que “el dolor debe tener un responsable, es un error, una falla deliberada”. Buscar un culpable del hecho doloroso, delata la fragilidad con la que se está expresando la función saturnina y que lleva a que la persona no pueda sostener la intensidad plutoniana que ese acontecimiento está proponiendo.


Como conclusión, podemos decir que teniendo una presencia importante y enfatizada de transpersonales en una carta natal resulta clave desarrollar tonicidad saturnino-jupiteriana, para poder elaborar aquella desorganización que, por su propia función, los planetas transpersonales tienden a promover.
En cambio, recurriendo al mandala de planetas personales, podríamos decir que las neurosis y las perversiones más habituales resultan más accesibles a la conciencia y que, por lo tanto, representan las patologías características de lo que podríamos denominar «dimensión personal».