Contemplando la Luna. Por Alejandro Christian Luna

Uno la mira y se esconde....

Uno la olvida y aparece.....

El complejo lunar* de cada carta astral, posee una importancia mayúscula en el camino de autoconocimiento al que nos invita la Astrología. Podemos decir que la Luna implica la base formativa desde donde cada psique puede nutrirse y crecer, madurando hacia la plenitud del sistema todo.

Psicólogos y médicos no se cansan en insistir de lo fundamentales que son los primeros años de vida en términos de salud física y psíquica. La Luna justamente indica los instintos básicos y tendencias inconscientes que se activan más rápida y fácilmente en cada uno de nosotros. Como contábamos en anteriores artículos, ella se relaciona con el nivel inconsciente postulado por el Psicoanálisis, con el inconsciente inferior de la Psicosíntesis, con las necesidades de orden fisiológico, seguridad y resguardo de Abraham Maslow, con el nivel Beige de la Dinámica Espiral y con la línea de desarrollo emocional de las Inteligencias Múltiples. Desde la antropología y la sociología, el momento lunar de la humanidad está marcado por la etapa matriarcal, donde el misterio de lo femenino estructuraba los primeros grandes clanes.

En cierta manera, los niveles lunares remiten a los niveles más básicos y, por lo tanto, más fundamentales. Algún problema en la base o en el inicio de cualquier proceso orgánico o social, encierra dificultades muy grandes para toda evolución posterior, y habrán notado que cuando algo empieza torcido hay que hacer un esfuerzo muy grande para corregirlo. Una sociedad difícilmente podrá expresar algún tipo de plenitud o manifestar la riqueza y creatividad de sus miembros si es que no tienen cubiertas las necesidades minimas de alimentación y cobijo. Luego vendrán las necesidades de educación, trabajo digno, autorrealización, etc. Una sociedad desnutrida tiene un límite claro y triste, como así lo atestiguan las sociedades de los países más empobrecidos, como Zambia, Somalía o Haití.

La Luna simboliza aquellas respuestas instintivas que por un lado nos condicionan, pero que también nos tienden a facilitar las cosas. Son los mecanismos automáticos con los que la naturaleza nos dotó para protegernos, el cerebro de mamífero que aporta la inteligencia amorosa del contacto y la necesaria contención emocional que a su debido tiempo permitirá el alumbramiento de un yo individual y singularizado. Cuando este mecanismo de protección se hace repetitivo y automático, empieza a leer erróneamente los contextos en que se manifiesta, reaccionando como un niño cuando tendría que hacerlo como adulto. Por ejemplo, una Luna en Tauro ante una situación de inseguridad emocional, busca calma yendo de compras o consumiendo bombones, en lugar de enfrentar lúcidamente la experiencia que despertó su inseguridad.

La Luna simboliza mitológicamente una cualidad generalmente relacionada con deidades femeninas, sean éstas amorosas y contenedoras (Gea, María, Démeter, Hathor) como sombrías y destructivas (Hécate, Lilith, Kali). La Luna -la mujer- es cambiante, cíclica, misteriosa en la oscuridad, oscura en sus misterios. Su otro polo, el Sol, es pura luz, brillante, cálido, siempre redondo e igual a si mismo. En el camino evolutivo sugerido por la tradición astrológica partimos de la Luna y sus necesidades básicas, y de ahí descubrimos la individualidad y creatividad propias del Sol para así lanzarnos al aprendizaje del signo Ascendente y, a la postre, acceder a la vivencia plena de la carta natal como un todo.

Astrología, astronomía y significado

Hay algo que para los astrónomos puede tratarse de una mera coincidencia o un toque de color en su disciplina, pero que para los astrólogos encierra un profundo significado. Es el hecho de que desde la Tierra, el Sol y la Luna tienen a nuestros ojos -exactamente- el mismo tamaño. Lo podemos apreciar cuando asistimos a un eclipse total de Sol.

La proporción que hay entre el tamaño del Sol y su distancia a nosotros es igual a la del tamaño de la Luna y su distancia a la Tierra. ¿No les parece una coincidencia sorprendente?. Los astrónomos opinan que esto es un caso único en nuestro sistema solar y probablemente en toda la galaxia. El tema aquí es un tema de proporciones, es decir, de relación, de vínculo. Sea por un misterio esotérico o por un chiste cósmico, la Luna y el Sol son una pareja de iguales.

Las sociedades patriarcales transformaron en jerarquía de poder lo que podríamos denominar una jerarquía de necesidades donde, evidentemente, la Luna simboliza lo más básico mientras el Sol una fase más compleja y menos fundamental. Y no se trata de un juicio de valor, es como decir que meditar o estudiar idiomas es menos fundamental que alimentarse y protegerse de las inclemencias del clima y los depredadores.

Decíamos que una forma lineal de ver la dirección del proceso psíquico consiste en ir saliendo de la simbiosis de la Luna para identificarnos con la individualidad y creatividad del Sol. El siguiente paso es conectar con el plano del Ser, simbolizado por los demás astros, signos, constelaciones, galaxias y nebulosas que solamente podríamos percibir... en el noctámbulo reino lunar!. Es que lo verdadero nunca es lineal; lo real es siempre paradójico, y en este caso la paradoja consiste en que el reino de la luz del Sol oculta la dimensión del Ser, al cual sólo podemos acceder si conocemos e integramos la dimensión de la Luna, ese cuerpo opaco que a su vez refleja la luz solar. De esta manera estamos en condiciones de re-ligar la Luna, el Sol y la complejidad total de la carta natal, del cosmos. En términos wilberianos, lo prepersonal, personal y transpersonal; o cuerpo, mente y espíritu según la filosofía perenne.

La junguiana Sallie Nichols dice que el crecimiento espiritual es como el desarrollo de un árbol, antes de que puedan florecer nuevas ramas en la superficie, las raíces deben profundizar en la tierra para ampliar su campo y sustentar el nuevo crecimiento. Las raíces son la Luna, el tronco y las ramas el Sol, hojas, flores y frutos, el alma. Y todo es relación: tierra, árbol, aire, agua, luz del Sol, pájaros, abejas, etc... el Ser es vincular.

Como intuye el poeta Chora, autor del haiku con que abrimos esta nota, si nos olvidamos del mecanismo lunar, la Luna aparecerá inconscientemente, necesitando seguridad constante y manteniéndonos infantiles y temerosos. Si estamos atentos a su plateada aparición, ella será reacia a mostrarse inmadura, y así podremos -bien plantados en la Tierra- conectarnos con la belleza y la numinosidad que nos transmite el cielo estrellado, el cielo que también somos.

 

*El complejo lunar es toda la información desplegada en la carta natal que remite a las funciones emocionales básicas de la persona. Consiste en el signo donde está la Luna, la Casa, los aspectos, signo y planetas presentes en Casa IV y planetas en Cáncer.

Alejandro Christian Luna

 

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Gervasio Troche
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