Astrología: Quirón, o El arte de cabalgar Dragones

Autor: Alejandro Fau

Alejandro Fau | Astrología: Quirón, o El arte de cabalgar Dragones

Vivimos tiempos en extremo dolorosos como especie. Cierto es que el transito de Plutón por Capricornio no hace que estos tiempos sean muy apacibles y agradables como un alegre día de paseo por el campo bajo un cielo diáfano, pero la incontestable realidad de ello no condiciona el ánimo con el que nos lo tomamos, sino en el cómo es que elegimos escenificarlo como especie y, consiguientemente, en el cómo es que lo sentimos individualmente. Basta con encender la televisión o leer el periódico para asistir al más cruel de los horrores humanos, la eterna y omnipresente guerra. Millones de seres desplazados de sus lugares, heridos profundamente en lo más básico de su condición de vida con familias arrasadas, vínculos mutilados y posesiones, aunque filosóficamente las creamos ínfimas y efímeras, cruelmente arrebatadas por la insaciable codicia de los territorios, los recursos, los poderes y riquezas que tienen unos pocos que se creen superiores por el mero hecho de poder hacerlo, arrebatarlos. Un dolor inmenso, profundo e irresoluble desde nuestra personal condición de individuos, pero que nos marca y lastima aunque no queramos, o prefiramos ignorarlo. Está ahí, siempre presente, aunque no nos toque padecerlo directamente. Está ahí, siempre presente ante nuestra vista, y nos afecta profundamente por la simple y clara razón del que somos también nosotros... simplemente humanos. Qué comprensión de ello puede, pues, la Astrología, aportarnos sobre tan penoso asunto. Lo único que se me ocurre, desde mi privilegiado aspecto de investigador en el arcano arte, es la comprensión de una energía de la que bien poco y mal se ha escrito y descrito como la es la energía de Quirón. Maestro del dolor. Maestro del que va más allá de todos y de todas las cosas...

Quiròn-SolPara un acercamiento a nuestro pensamiento occidental de ello, sé que debo apelar al saber inconsciente y común de la mitología grecorromana para movilizar cierta comprensión inconsciente de la faceta que pretendo describir de la energía Quironeana. Por ello apelare, pues, a la figura que representa preferentemente ésta cultura en su arte de la figura mitológica de Quirón. Dichas representaciones figuran siempre a la imagen de Quirón como portando sobre sí a un pequeño infante, su discípulo. Aquel pequeño ser dado a su instrucción, ya sea por los dioses o los mortales, para convertirse en Dios o Rey entre los hombres y ser asequibles a su comprensión. Debemos pues, ante la atónita mirada de aquellos alejados de la arcana sabiduría, aclarar ciertos aspectos de la significación de Quirón, muy básicos por cierto, de su representación clásica. Quirón es el puente entre lo individual y lo colectivo, entre lo personal y lo transpersonal. Entre lo inconsciente personal y lo inconsciente transpersonal y colectivo, sobre lo que su accionar es meramente incidental aunque definitorio en términos evolutivos. También es una energía que hace a lo personal en tanto lo colectivo, y una suerte de traductor o filtro entre las poderosas energías Divinas y las simples almas profanas. La figura de Quirón es, en sí misma, un monstruo. Mitad Dios y mitad Animal , un estadio algo así como entre el Mono y el Ángel, por decirlo de modo más poético -nada más cercano a la definición de lo humano ¿verdad?-. Pero va mucho más allá de eso, pues es quien nos instruye sobre aquello que trasciende a lo meramente humano y da sentido a nuestra vida. Es la verdadera esencia que nos descubre, aunque impúdicamente, la figura (históricamente tergiversada por la religión judeo-cristiana) del Cristo. Es aquello que nos confronta con lo que está más allá del nosotros para que podamos aceptarlo: El propio Dios. Nuestro propio Dios. Pero sobre el propio Dios, el Dios verdadero, y al que creemos servir como individuos, es algo a lo que nos referiremos en otra parte y en otra ocasión... así que volvamos a lo nuestro aquí, a nuestro prosaico presente.

La imagen que describí antes, la de Quirón portando sobre sí un Niño, debe considerarse como un Todo al tratar con la energía que estamos abordando. No solo porque la energía en sí misma nos habla de la educación e instrucción y del vínculo existente entre maestro y discípulo, sino por lo que representa ese niño en la figura: El Sol. Creo yo que no puede abordarse cabalmente ninguna de las dos energías representadas aquí excluyendo a la otra, pues hacerlo sería tener una comprensión inacabada de ambas. Así pues, primeramente, hagamos un breve repaso de la energía y funciones del Sol dentro de la matriz que representa al individuo al tiempo que desarrollamos el tema.

El Sol es el punto focal de toda matriz ya que representa la energía de individuación por excelencia. A lo largo de su desarrollo aprende del resto de las energías planetarias, hasta Saturno, que le servirán de instrumentos para interactuar en y con el mundo. Por sí mismo aprende con y de ellas a través de la experimentación hasta alcanzar quizá su total dominio, pero ellas no son la totalidad que comprende el universo en el que vive y está inserto. La confrontación con ésta realidad es lo que da origen a lo que llamamos la “Herida Primigenia” en cualquier psique, y en el cómo es que manejemos de allí en más éste hecho depende el cómo desarrollamos nuestras vidas como individuos y el tipo de vinculación que entablamos con nuestros pares y el resto de los seres que la pueblan. La anécdota del cómo y las circunstancia en que ésta herida es adquirida puede rastrearse en la posición de Quirón dentro de la matriz natal y sus aspectos dependientes, lo mismo que la modalidad con que el individuo procurará aliviar su dolor. A partir de ello, pueden obtenerse las bases para desarrollar una psicoterapia más efectiva con la que tratar el individuo. Pero ya llegaremos a ello y no debemos adelantarnos si es que queremos comprender la necesaria razón de que esta herida se produzca. Esta “herida primigenia” se produce cuando la comprensión por parte del Sol del resto de las energías planetarias personales todavía es incompleta. Arquetípicamente esta sobreviene antes del primer contacto con la energía de Júpiter e inmediatamente después de haber adquirido conscientemente la energía de Marte, según la dinámica trazada en la Pirámide Caldea que sigue el desarrollo de la consciencia individual. Veamos cómo es que se produce, arquetípicamente, ésta herida en la secuencia primaria que sigue el desarrollo de la consciencia solar dentro de la matriz zodiacal.

El recorrido que hace nuestro héroe en su camino individual de la comprensión de sí mismo atraviesa inicialmente 7 (siete) fases, las que en la matriz zodiacal están representadas por la consecución de Signos desde Aries a Libra. Es allí, en Libra, donde el proceso de individuación se espeja y se reconoce a partir de encontrarse con una primera otredad igual a sí mismo, el par. Pero aún es incompleto en su desarrollo individual de modo consciente, y es razón de que busque fantasiosamente completarse en esta fase por medio de asociarse indivisiblemente con ese otro. Decimos “fantasiosamente” ya que la combinación de dos incompletitudes no puede dar jamás por resultado un Uno completo, pues el camino de la propia individuación no culmina aquí. La razón de la aparición de ésta primera otredad en esta fase es que es absolutamente necesaria para poder comprender cabalmente las energías planetarias personales que le faltan, Júpiter y Saturno. Hasta aquí, en su recorrido de Aries a Libra, ha tomado contacto con el resto de las energías planetarias personales por sí mismo y sin intervención de ningún otro agente, pero para poder comenzar a desarrollar las restantes es necesario el haber reconocido y aceptado la existencia del otro con el cual deberá ejercitar y desarrollar dichas energías. Esta séptima fase conlleva inevitablemente a una octava, en donde la otredad que se manifiesta no es ya la de un par sino algo inconmensurablemente mayor que sí mismo, que el otro ya conocido, o que la suma de ambos. Esta octava fase es caracterizada por el Signo de Escorpio y su increíble potencia está representada en su planeta regente: Plutón. La confrontación con esta poderosa energía transpersonal es suficiente para generar esa herida psíquica primigenia en la consciencia individual, ya que representa a aquellas circunstancias que están, y lo estarán siempre, fuera de su alcance y control. Dentro de la iconografía clásica esta potestad es representada por la figura de un terrible monstruo: El Dragón. Psíquicamente es este un punto crucial del desarrollo de la consciencia solar, ya que de ello dependerá, y en mucho, la fluidez y el tipo de vínculo que se establezca con la energía de Quirón.

Jinete-DragónA partir de esta experiencia traumática comienza a ponerse a prueba la solidez en la incorporación de las energías planetarias personales con las que se ha entrenado la consciencia solar hasta entonces. Si ésta ha sido pobre, su desarrollo evolutivo se verá estancado en la repetición circular del mismo plano zodiacal hasta que se complete y pueda así continuar con la espiralidad consecutiva que le es propia a la dinámica estelar que representa. A partir de aquí su incorporación de las energías planetarias personales de Júpiter y Saturno será necesariamente imperfecta, quedándose atrapado en sus estadios más bajos tendiendo a proyectarlas en los otros sin lograr incorporarlas como propias, ya que su orgullo herido lo llevará a rechazarlas debido a la inconsciente creencia de su ser indigno. Dicho de otro modo, el alma individual quedará prisionera del Dragón hasta que el ego logre aceptar su irremediable destino de vulnerabilidad individual y su dependencia asociativa. Tras sortear esta octava fase la consciencia solar no encuentra en las energías planetarias personales que le siguen un verdadero maestro que le enseñe a confrontar con el Monstruo. La figura de Quirón, en tanto energía arquetípica, comienza aquí a cobrar singular relevancia en la conformación de la psique individual a partir del vínculo que la energía solar logre entablar con ella. Recordemos que si bien Quirón es el verdadero Maestro, es un maestro en verdad monstruoso, y no es nada fácil a la psique individual el aceptar eso. Esta repetición del plano circular zodiacal es lo que el esoterismo denomina el “Sendero del Hombre Común”, en donde los individuos están sujetos a los vaivenes que les imponen sus propias energías proyectadas sobre el entorno ya que no logran incorporarlas dentro de su propia estructura. Convierten esta repetitiva octava fase en un campo de batalla en donde la frustración y el sufrimiento conforman una constante en la música de fondo de sus vidas, ya que cada encuentro con Quirón les evoca solo el recuerdo de su primer encuentro con el monstruo y el reavivar de la experiencia de la primigenia herida, sin sospechar siquiera que él es el único que puede enseñarles a montar el Dragón.

Las consecuencias patológicas derivadas de lo anterior se traducen de muchas formas
. Las más comunes son los síntomas de diversos tipos de depresión, como la de falta de confianza en sí mismas, el cinismo, un sentido de victimización... o en el deseo de victimizar a otros; puede dar tanto la sensación de inferioridad como la proyección de esa inferioridad sobre los otros en el desarrollo compulsivo de actitudes sexistas, clasistas, racistas o de otras igualmente discriminatorias con fines denigrantes. Esta sintomatología es un breve muestrario de la energía de Quirón cuando es “rechazada” o negada por la consciencia solar. Puede incluso manifestarse como lo opuesto a la solaridad, que es la pérdida de la voluntad de vivir. Aunque no siempre la pérdida de la voluntad de vivir puede tener como resultado la autodestrucción extrema del suicidio. Puede expresarse también como el impulso de querer destruir a los otros, como si, en un nivel profundo e inaccesible de su psique, la proyección de la desesperanza y la victimización de otros le diera al individuo que sufre la ilusión de que es fuerte y que realmente está controlando su vida. De esta manera, la persona que secretamente ha perdido la voluntad de vivir puede, en extremo, tratar de privar a los otros de la alegría -y quizás aún de la vida- encontrando una víctima propiciatoria que pueda cargar con toda la desesperación que siente dentro suyo. El abanico es inmenso, y va desde aquellas personas que consideramos simplemente como gruñonas o cascarrabias, pasando por los resentidos sociales de distinto grado, hasta llegar a los verdaderos genocidas. Todo depende del resto de la configuración de la matriz natal del individuo, y su disposición para aceptarla o no de manera consciente. Hay algo que debemos comprender primeramente de todo esto. Todos los planetas personales sirven al desarrollo del ego individual y luego "sirven" al Sol como centro de la individualidad. Pero no Quirón, él yace en la interfase entre Saturno y los planetas exteriores, por eso mediatiza las cuestiones colectivas que impactan y hieren al individuo. La implicancia colectiva de Quirón significa un algo no cicatrizable desde lo individual, porque la herida existe en lo colectivo y es ancestral. Pero que Quirón no sirva naturalmente al Sol, no significa que no pueda trabajar asociado con él. En el mito era el padre quien entregaba a su hijo, ya sea futuro héroe o rey, a Quirón para que lo instruya. Esta acción de entregarse a la energía Quironeana implica gran responsabilidad y consciencia de la propia limitación para emprender solo la tarea. Hace falta haber incorporado el suficiente Saturno para tener la disciplina necesaria que implica el montar un monstruo que por definición nos supera.

La melancolía que Quirón puede generar por medio de la aceptación consciente de la propia finitud y del irremediable dolor de nuestra herida al ser entibiada por la luz del Sol, puede llevarnos a tener una mayor profundidad de pensamientos y sentimientos, movilizando así en nosotros la firme determinación de contribuir al bienestar de los demás participando más activamente de lo colectivo en pos de ideales que trascienden nuestra propia persona. Podemos encontrar una clase diferente de compasión, no sólo por aquellos que han sido lastimados de la misma forma que nosotros, sino por gente cuya experiencia no se iguala necesariamente a la nuestra pero que sin embargo merecen compasión por el sólo hecho de que todos somos seres humanos y estamos igualmente heridos. Si uno ha perdido un ojo es fácil sentir simpatía por los tuertos como nosotros y odiar a aquellos que son lo suficientemente afortunados como para disfrutar de una visión más completa. El Sol trabajando con Quirón puede engendrar suficiente generosidad de espíritu como para reconocer que todos los seres humanos sufren por el sólo hecho de estar solos y de ser mortales, y que esa herida específica que se tiene no es mas especial ni más merecedora de compasión que otras. Es muy posible que aquellos que públicamente proclaman su compasión por los palestinos de Gaza, también sean los que tengan muy poca compasión hacia sus vecinos porque son “morochitos”, o gays, o judíos, o bolivianos; no se trata aquí de declaraciones públicas, sino de acciones y actitudes silenciosas y cotidianas. El Sol trabajando con Quirón anula tales hipocresías para llevarnos a compartir la esencia del corazón humano. El Sol trabajando asociado a Quirón, si bien tiene el astro mucho que aprender del viejo Centauro, es de una tremenda potencia curativa, pues no debemos olvidar que tanto uno como el otro son reconocidos como “sanadores” en todos los mitos que los refieren. Es más, el Sol trabajando asociado con Quirón puede activar la voluntad de vivir y luchar no solo en un ciego nivel egoísta, sino por la causa de que el sentido de finalidad personal se ha combinado ahora con el sentimiento de empatía por la lenta y penosa lucha hacia la luz que existe en toda cosa viviente. El ejemplo de la lucha que mantienen en Argentina las Abuelas y las Madres de Plaza de Mayo que supera el afán de lo personal en resolver su propio dolor y va en pos de la justicia para la comunidad toda, es una muestra viva de ello.

Maestro-QNo es necesario que exista un aspecto directo entre el Sol y Quirón para que ambas energías puedan aprender a colaborar entre sí, pero aquellos que tienen un aspecto directo entre ellos probablemente les resulte más fácil de lograr la integración -me atrevo a decir que en estos casos es su “destino” aprender a hacerlo- y conseguir conocer, en un nivel muy profundo, cómo la injusticia de la vida puede dañar el espíritu humano y dedicar su considerable energía y fortaleza a dejar el mundo como un lugar mucho mejor de lo que era cuando llegaron a él. Hay muchos ejemplos de gente famosa con aspectos entre el Sol y Quirón, que ilustran este punto (pueden consultar nuestro apartado de Cartas de Famosos en donde encontrarán montones o alguno de los compendios impresos que pululan en las librerías). Sin dudas un caso paradigmático de alguien con Aspecto de Cuadratura entre el Sol y Quirón es Carl Gustav Jung, -deliberadamente elijo un aspecto “duro” para quitarles el miedo de sus posibles consecuencias- que sin ninguna duda contribuyó no poco en el planteamiento de su Psicología de lo Transpersonal que lo ha hecho tan famoso, pero si nos tomamos el trabajo de leer su biografía notaremos que no ha tenido una vida lo que se dice fácil para lograrlo. Los aspectos “blandos” entre el Sol y Quirón no garantizan una solución servida en bandeja ni mucho menos tampoco. Sin embargo, y aunque constituyen un profundo desafío para cualquiera, estos contactos son capaces también de transmitir una forma especial de traer a la conciencia las heridas y de enseñar esta forma a otros, pues suele estar presente en las matrices natales de muchos reconocidos maestros. Muchas personas no encuentran su camino para resolver esta polaridad planetaria poco reconocida hasta ahora, basta con mirar en torno nuestro -ni siquiera con ojo atento- para ver la verdad de ello. De hecho, la mayoría de las personas que habitan nuestro planeta no lo han hecho. Pero no se trata de desidia, pereza o cobardía personal; es que vivimos en una civilización y cultura globalizada que genera las condiciones menos favorables posibles con el fin de sostenerse a sí misma. Aunque cueste creerlo, la generación de desilusión, frustración, desesperanza y dolor, son indispensables para sostener el actual estado de las cosas y la posición dominante de unos pocos por sobre los otros muchos.

La resolución de esta polaridad planetaria no es algo que el individuo debe llevar a cabo a fin de solo mejorar su calidad de vida, llevar a cabo este desafío desde esa óptica no le acarreará más que nuevas e interminables frustraciones, sino que es una tarea que debe emprenderse con el ánimo de lograr un avance, aunque mínimo, en el colectivo humano como especie. Con tanto movimiento ecologista pululando por ahí tratando de dejar un planeta mejor a las generaciones futuras, debemos realmente comenzar a pensar el también dejar a nuestro planeta una humanidad mejor que la que actualmente hemos logrado.

Para terminar, quisiera disculparme ante los lectores profanos por la cantidad de tecnicismos empleados en la elaboración de éste escrito, pues seguramente le habrán quedado muchas lagunas lógicas en los razonamientos o puntos francamente oscuros e inabordables. Deben comprender que este artículo fue exclusivamente dirigido a mis colegas y a estudiantes del arcano arte desde el inicio, pues trata de un tema poco aclarado e insuficientemente debatido en nuestros círculos investigativos. Si he de escribir, tal mi compromiso, para Todos, justo es también que de tanto en tanto escriba también para ellos... Muchas gracias... :)

http://www.astropampa.com/art-110-astrologia_quiron_o_el_arte_de_cabalgar_dragones.htm

Resiliencia y Quirón astrológico. Por Alejandro Lodi

Alejandro Lodi

(Año 2008)

El concepto de resiliencia y su relación con el significado de Quirón en astrología

Introducción

Entre los conceptos más novedosos elaborados desde el campo de la psicología, el de «resiliencia» es uno de los más difundidos. Se lo atribuye al investigador Boris Cyrulnik y, de cierto modo, es heredero de la tradición psicológica ligada a la logoterapia de Víctor Frankl y la psicología humanista o positiva de Carl Rogers y Abraham Maslow, entre otros. Junto con estas escuelas, los investigadores de la resiliencia coinciden en enfocar un tema preferencial: el dolor inherente a la condición humana y su significado en el desarrollo psicológico de los individuos.

Desde la astrología, el padecer humano es tradicionalmente abordado relacionándolo con determinados indicadores: Saturno como el límite que frustra dolorosamente nuestros anhelos de felicidad, la conciencia de finitud y su consecuente herida, y Plutón como el intenso desgarro de la muerte, la potencia transformadora y destructiva que nos atraviesa y constituye. Por su parte, la búsqueda de sentido y trascendencia del sufrimiento y de la muerte ha encontrado en Júpiter y Neptuno sus significadores preferenciales. Ambas funciones aluden a otro orden de la realidad, distinto al humano y próximo a lo divino, una dimensión más allá de los límites temporales que disuelve y redime el dolor propio de la vivencia en la materia.

Sin embargo, la astrología también genera novedades. Entre ellas, una de las más recientes es otro indicador celeste que está empezando a ser incorporado al análisis astrológico (o, por lo menos, a ser debatida su inclusión) y que tiene como tema central el dolor inevitable de lo humano y el misterio de la curación: Quirón.

El presente trabajo trata acerca de la afinidad entre el concepto psicológico de resiliencia y el significado de Quirón como función planetaria astrológica, de cómo las investigaciones y reflexiones sobre el sufrimiento y su sentido en la experiencia humana desarrolladas desde la psicología se encuentran con las percepciones y símbolos con las que la astrología aborda ese rasgo de la realidad interna del ser humano. El objetivo es que, en la medida que estas correspondencias se evidencien como ciertas, nuestra labor como astrólogos se nutra con herramientas conceptuales que colaboren con la riqueza de nuestro universo simbólico, que nuestra percepción de la complejidad humana se amplíe al tiempo que encuentra recursos para abordarla cada vez con mayor delicadeza y discernimiento.

Al finalizar, presentaremos tres casos de personas notables, ejemplos de vidas humanas en las que el talento resiliente se hace elocuente y analizaremos el significado de Quirón en sus cartas.

El concepto de resiliencia en psicología.

El término «resiliencia» proviene del campo de la física y refiere a la capacidad de los materiales para volver a su forma original luego de que algún impacto exterior los forzara a deformarse.

Aplicado al comportamiento humano, este concepto es utilizado para dar cuenta de la posibilidad de superar los sucesos dolorosos de la vida convirtiéndolos en oportunidades para la maduración y el despliegue de un sentido más pleno de la propia existencia. Esta conclusión surge de la observación e investigación de individuos que fueron sometidos en su infancia a los hechos más traumáticos y que, no obstante, luego supieron desarrollarse como sujetos maduros capaces de adaptarse a la sociedad y desplegar sus talentos. Más aún, la resiliencia sugiere que precisamente el hecho de tener que atravesar esa adversidad, ese dolor, esa herida, es lo que posibilitó actualizar ese potencial, de manera tal que aquellas experiencias de sufrimiento extremo durante la niñez terminaron por representar la oportunidad para el descubrimiento de una profunda riqueza de ese ser.

Es decir, la resiliencia no es sólo la capacidad de enfrentar adversidades y saber adaptarse a situaciones difíciles, sino además (y fundamentalmente) salir fortalecidos por el contacto con talentos hasta ese momento desconocidos. En este sentido, no se trata de volver al estado original previo al acontecimiento crítico, ni anestesiar o bloquear el contacto con la herida. No es negar los hechos ni alentar la actitud de que “aquí no ha pasado nada”. Muy por el contrario, se trata de no interrumpir el desarrollo evolutivo y despertar un talento atravesando la crisis que suscita el trauma, transformándolo en el activador de un potencial hasta ese momento latente.

Los especialistas en resiliencia coinciden en no presentarla como un especial atributo de seres excepcionales, sino como una específica función dentro del sistema psíquico: la capacidad de adoptar una forma saludable y operativa en el mundo cuando se es forzado a deformarse por acción de circunstancias exteriores. Por cierto, es claro que esta función puede estar más o menos desarrollada en el individuo, y para que se dé una u otra variante resulta clave la actuación de otros. Así, una característica esencial de la resiliencia es que se trata de una capacidad tanto individual como social, de modo que su inhibición o estímulo no depende tanto de la disposición personal como de la interacción vincular. En absoluto es mera habilidad innata de la persona individual, sino que fundamentalmente la resiliencia nos habla de recursos internos que se activan gracias a la significativa participación de un otro.

Esto lleva a poner de relieve el amor como clave para la emergencia del talento resiliente. Es por eso que se subraya la importancia de la presencia de un adulto significativo que estimule las posibilidades de resiliencia en el momento en que el niño atraviesa la crisis traumática. En el caso de adultos podríamos hablar de la necesidad de un otro significativo que sirva de agente para la resiliencia, entre otras claves entre las que figuran el humor, la creatividad, la introspección, la iniciativa, la moralidad y la autoestima.

Diversos autores que han investigado el tema también mencionan tres fuentes o pilares de resiliencia: el apoyo concreto y material (yo tengo), la voluntad y fuerza psíquica (yo soy-yo estoy), y las habilidades interpersonales para la resolución (yo puedo).

La experiencia del dolor y la voluntad de sentido.

El psicólogo Víctor Frankl creó una corriente terapéutica –la logoterapia- a partir de su propia experiencia con el dolor. Durante el nazismo fue enviado a un campo de concentración. Allí observó que quienes sobrevivían eran aquellos que podían atribuirle algún sentido a ese sufrimiento, aquellos que sabían que les esperaba una tarea para realizar, mientras que los abrumados por el sin sentido, aún siendo más fuertes físicamente, no lograban superar la experiencia.

Frankl sostenía que la primera fuerza motivante del ser humano es la lucha por encontrar un sentido a su propia vida, y hablaba de la existencia de una voluntad de sentido[1], tan presente y cierta como la voluntad de placer y la voluntad de poder. Esa voluntad de sentido no es una expresión del individuo, una construcción imaginaria, ni un acto de fe, sino una cuestión de hecho, un descubrimiento, una revelación. Afirmaba que el principal interés del ser es cumplir un sentido y realizar sus principios morales. Así, en su terapia no dudaba en desafiar al ser humano a cumplir su sentido potencial, a despertar su voluntad de significación de su estado de latencia.

Para Frankl no se trata de proponerse el objetivo de eliminar la tensión entre “lo que se es” y “lo que no se es”, la angustia propia de la existencia, sino sentir la llamada de un sentido potencial que nos espera para ser cumplido. No importa el sentido de la vida en términos filosóficos abstractos, sino el significado concreto de la vida de cada individuo en un momento dado. De modo que no debemos preguntarnos cuál es el sentido de nuestra vida, sino de comenzar a percibir que, en verdad, es la vida la que nos inquiere a nosotros.

Y el sufrimiento, inherente a la condición humana, es una de las formas (no la única) en la que el sentido de la vida puede ser descubierto. De este modo, el sufrimiento representa la oportunidad de realizar un valor supremo, y lo que más importa es la actitud que tomamos hacia el sufrimiento, nuestra actitud al atravesarlo, porque el sufrimiento deja de ser tal en el momento en que encuentra un sentido.

En la misma dirección, el psicólogo Carl Rogers pone énfasis en lo que reconoce como una acción que tiende hacia la totalidad y que se expresa en toda manifestación de la vida. Afirma que es posible reconocer un proceso direccional en la vida, que en el caso del ser humano se traduce como una fuerza básica que lo mueve hacia “la realización constructiva de sus posibilidades intrínsecas”[2]. Define lo que llama «tendencia actualizadora», una fuerza existente en todo organismo vivo, por la cual el ser humano tiende en forma natural “hacia un desarrollo más complejo y completo”[3].

Rogers sostiene que esa tendencia hacia la realización de potencialidades puede ser amenazada y puesta a prueba por impactos externos, pero que persiste aún en las condiciones más desfavorables. En este sentido, afirma que “la tendencia de actualización puede ser desbaratada o retorcida, pero no puede ser destruida sin destruir el organismo”[4].

Pero Rogers dice algo más. No sólo podemos confiar que en cada ser humano está presente esa tendencia direccional hacia la totalidad y hacia la actualización de su propio potencial, sino que además está la posibilidad de enfocar concientemente la atención en esta tendencia. Es decir, nuestra conciencia puede participar de esta tendencia de realización, abriéndose a la percepción de un flujo más amplio y creativo que el estrictamente personal.

Quirón como función planetaria en astrología.

Dentro de la estructura de funciones planetarias, Quirón ha sido asociado con la imagen mítica del sanador herido. Este símbolo alude a una sabiduría profunda acerca del dolor, a un conocimiento tan íntimo del sufrimiento que termina transformándose en talento curativo, pero con la particular característica de que sólo puede ser ejercido para aliviar el padecimiento de los otros, no el propio. Es decir, Quirón hace referencia a una herida siempre abierta en nosotros que permite desarrollar compasión por aquellos que la sufren y acompañar su sanación. Quirón combina comprensión y dolor, sabiduría y compasión, conocimiento y talento sanador. Sabemos acerca de ese sufrimiento porque nos duele a nosotros mismos, porque estamos presentes en ese dolor, no porque lo hayamos superado y cerrado en el pasado.

Y esta combinación de vivencia de una herida y capacidad sanadora, esta condición de ser “herido” y “sanador”, es la que aporta mayor riqueza a la hora de interpretar este símbolo. No se trata simplemente de “alguien que sufre” o de “alguien que cura”, sino de quien puede curar porque sufre. La paradoja aquí es que no podemos elegir sólo una de las posiciones, sino que Quirón no parece darnos otra opción que experimentar en simultáneo ambas sensaciones, a vivenciar ese auténtico doble vínculo: sanar a otros por conocer esa herida, sin poder curarla en nosotros mismos.

En una carta natal la posición de Quirón por signo, por casa y por aspecto (sobretodo por casa y aspectos) nos indicará dónde habremos de experimentar esa herida, en que área de la vida podrá acaso manifestarse el desafío. Indica una dimensión de nuestra existencia en la que sentimos vivir un estigma, una marca provocada por el destino y que no podemos eludir. La huella de un hecho doloroso que vivimos como fatalidad. Sin embargo, y aunque no lo hayamos elegido voluntariamente, esta fatalidad nos convoca a cierta dirección, revela un sentido en nuestra vida que tiene mucho más que ver con la esfera social o colectiva (los otros) que con lo estrictamente personal (yo). Así, Quirón parece simbolizar el llamado compulsivo, sin opción, a un desafío del que preferiríamos no participar si tuviéramos la posibilidad de elegir. Esto pone de manifiesto la característica transpersonal, antes que personal, de esta función planetaria: aquello que en lo personal aparece como experiencia sin sentido (un dolor absurdo, una fatalidad cruel), cobra un nítido sentido abriéndose a la dimensión transpersonal.

Desde el misticismo cristiano, Anselm Grün expone este “salto de escala” que suscita el contacto con el dolor incomprensible[5]. Para Grün, ese dolor sin respuesta nos expone a la impotencia personal, a lo inexplicable. Nos obliga a abandonar nuestra necesidad de certeza racional y a tener que enfrentarnos con el misterio. Y esto permite la emergencia de nuevas capacidades, de inéditas dimensiones que comienzan a desplegarse en nuestra existencia. Así comienza a transparentarse aquel “salto de escala”: de los talentos de la personalidad individual (logro personal y entendimiento racional) a los talentos del alma (amor y compasión universal).

De esta manera, aquel dolor sin sentido va comprometiéndonos con la maduración de una dimensión del ser más profunda (y por eso mismo más compleja e inexplicable) que la de nuestra vida personal e individual. Esta dimensión transpersonal va revelando un sentido, una sutil pero muy convincente llamada vocacional, que podemos sentir como “no elegida” desde nuestra decisión personal, pero de la que tenemos la oportunidad de ser cada vez más conscientes.

De acuerdo a lo desarrollado hasta aquí, resulta bastante evidente que el simbolismo de Quirón parece ser una síntesis de las funciones plutonianas y jupiterianas: el contacto con el dolor y la capacidad de percibir un sentido trascendente, el talento curativo y la sabiduría que brota de nuestras heridas. En nuestra práctica astrológica, esta correspondencia de funciones planetarias hace recomendable que a la hora de analizar cualquiera de ellas tengamos en cuenta a las restantes. Esto es, las posiciones de Quirón, Júpiter y Plutón brindan información que alude a una misma temática. Los tres planetas representan funciones psíquicas congruentes y se afectan mutuamente, de modo que la riqueza de una profunda interpretación de cualquiera de ellas requiere de un esfuerzo de síntesis e integración con las restantes.

Por otra parte, en la mitología griega, Quirón es hijo de una relación de Cronos (Saturno) con Fílira. La atracción de Cronos por Fílira es básicamente instintiva, tanto que copulan adoptando forma animal: la de caballos. Es por eso que el fruto de esa relación es un centauro. Quirón es el primer centauro, un ser horrendo mitad humano, mitad animal. Su padre no lo reconoce y su madre lo rechaza, no sólo por ser fruto de una relación no deseada, sino porque su aspecto es monstruoso.

Aparece así la sensación de rechazo allí donde más necesitamos ser reconocidos. Quirón hace referencia al sentimiento de exclusión, de ser rechazados por una diferencia estigmatizante de la que en absoluto somos responsable. Desde este rechazo se genera el sentimiento de carecer de la gracia que otros disfrutan, de cargar con un déficit que dificulta encarnar, una marca constitutiva e irreparable con la que debemos lidiar en la vida. Es por esto que Howard Sasportas vincula a Quirón con una sensación de discapacidad[6], que puede ser tanto física, psicológica como espiritual, y que incluso puede resultar explícita y presentarse bajo la forma de enfermedad, patología o sucesos accidentales de destino.

Ahora bien, es interesante considerar que esta sensación de discapacidad está muy relacionada a compararse con otro. Más allá del grado de manifestación objetiva que esa diferencia pueda presentar, es en la comparación con lo que creemos habitual en los demás que comienza a sentirse el dolor de ser distintos. Es evidente que en un mundo de centauros tener cuerpo de centauro no implica sensación traumática alguna. Por eso, respecto a la herida de Quirón es fundamental atender la relación con los demás. No se trata de que el vínculo con los otros provea mágicamente la solución al trauma, sino que permite desarrollar la percepción de que cada ser sobrelleva una herida -más visible o más oculta, más manifiesta o más guardada- y que el sentido profundo del propio estigma está en poder ser sensible al de los demás y ayudar a su cura. Por el contrario, replegado en el aislamiento individual, el resentimiento por el perjuicio de no ser “igual a los demás” se tornará agobiante.

Tal como ocurre con el talento resiliente, los demás son partícipes necesarios para que un talento insospechado surja del dolor y revele su sentido trascendente. El vínculo con la propia herida es, al mismo tiempo, vínculo con los otros. El contacto con el dolor no puede dejar de implicar el contacto con lo humano. El trabajo con Quirón no lo debe desarrollar el yo en soledad, no será mérito individual ni la conquista personal de un esforzado logro, sino que la íntima convocatoria de Quirón brota y se revela en la apertura a los otros, en el abrazo con la humanidad. Es un llamado personal que debe desplegarse en lo colectivo, en lo transpersonal.

En este sentido, considerando que Quirón fue descubierto en 1977, resulta significativo apreciar de qué acontecimientos a escala planetaria fue sincrónica su aparición, en relación con el simbolismo que le ha sido adjudicado. Sasportas destaca su coincidencia con la difusión de la terapia psicológica y las medicinas alternativas, en tanto representan búsquedas por encontrar sentido al dolor y hacer efectiva su cura[7]. Por su parte, Melaine Reinhart lo asocia con el creciente interés por el chamanismo, como un modo de reconciliar lo instintivo y lo espiritual y poner énfasis en la necesidad de confiar en nuestros maestros o guías internos[8]. A estas relaciones podríamos sumar el auge que comenzó a tomar a partir de finales de los ´70 la práctica de la donación y transplante de órganos: la posibilidad de que la muerte personal sirva para dar vida a otros, que el dolor de la pérdida cobre sentido en una vida que renace.

Por otra parte, Quirón orbita (de un modo errático y con una revolución de 50 años) entre el curso de Saturno y Urano. Es decir, Quirón está con un pié en el mundo de la forma saturnina y otro en el transpersonal. De acuerdo con su condición de centauro, una mitad de su ser responde a lo terrestre y la otra mitad a lo celeste. Era además un maestro de la guerra tanto como de la curación, era sabio respecto a aquello que provoca heridas tanto como de aquello que las cura. Esto guarda correspondencia con la condición humana atravesada tanto por su naturaleza animal, instintiva y material como por su capacidad de responder con conciencia a su naturaleza más sutil, vibratoria y espiritual. Quirón no es una cosa o la otra, sino ambas dimensiones integradas en una misma función: la herida personal propia de haber encarnado y habitar un cuerpo, y la resonancia con lo universal de esa herida de la que emerge la sabiduría y talento para curarla en otros. De este modo, en Quirón se combinan una visión trascendente con un sentido práctico, una percepción de lo transpersonal que sigue participando de la vivencia personal, una capacidad de ver más allá sin perder contacto con la vida real.

Ahora bien, podríamos decir que, en tanto individuos, nuestras primeras respuestas al dolor inherente a la condición de estar vivos serán reactivas. Es decir, es posible observar que ante las situaciones de destino que nos convocan a atravesar el dolor lo primero que experimentamos son reacciones defensivas y de rechazo, las cuales ponen de manifiesto la imposibilidad de incluirlas y asimilarlas en lo inmediato. Existen dos modos preferenciales de reaccionar ante la herida de Quirón.

.- La negación. Aquí las variantes son muchas y van desde la amnesia inconsciente, el bloqueo del contacto con la experiencia, el olvido deliberado, su evitación sistemática, o la adjudicación demasiado temprana de un sentido trascendente al suceso doloroso (la voluntad de Dios, el karma arrastrado desde vidas pasadas, una misión para la cual fui elegido, etc.). En este caso, ese sentido atribuido al episodio traumático no emerge en forma natural del contacto con el dolor, no lo incluye ni comprende, sino que lo niega o intenta reprimir. En su libro “Luchar y amar”, Anselm Grün nos propone “renunciar a iluminar teológicamente las causas y el sentido de nuestro sufrimiento” para que, renunciando a encontrar una explicación “pueda surgir en nosotros algo nuevo, que nos dé fuerzas para volver a empezar y que haga nuestra vida más rica que antes”[9].

.- La victimización. En este caso prevalece el sentimiento de estar siendo perjudicados por una voluntad exterior que infringe nuestro sufrimiento. Se identifica un culpable de esa situación de la que nos sentimos víctimas. Por cierto, muchas veces es posible que exista un agente objetivo de sometimiento que cause deliberadamente la experiencia traumática, lo cual favorece que todo el significado del suceso se cierre en esa única causa y quede bloqueada la aparición de todo sentido trascendente. En relación a este mecanismo, Grün refiere a un tipo sufrimiento “que no se puede ya combatir y vencer” y con el cual es necesario reconciliarse; no desconoce lo difícil que resulta esta tarea, pero también nos trasmite su convicción de que cuando aceptamos el dolor y lo vemos como un reto se convierte entonces en un importante maestro[10].

La victimización puede presentar un carácter activo o pasivo. En el caso de la victimización activa el individuo resiste y confronta con aquel que ha identificado como el culpable de su padecer. Mientras que en la victimización pasiva, el individuo se siente impotente, abatido en el sometimiento y se repliega en la queja, la pena y en la sensación amarga de su inevitable desdicha.

Es interesante percibir que en la negación prevalece el componente jupiteriano del símbolo de Quirón por sobre el plutoniano: el anhelo de trascendencia anula el contacto con el dolor. Mientras que en la victimización (ya sea activa o pasiva) el componente plutoniano se impone sobre el jupiteriano: el sufrimiento es abrumador y no se alcanza percibir sentido alguno. En un caso hay “sentido sin dolor” (negación) y en el otro “dolor sin sentido” (victimización). Es obvio que ninguna de las dos representa una respuesta adecuada a lo que profundamente nos pide Quirón: la vivencia del sentido que florece del dolor que nos agobia, la sabia paz que se revela en la herida que no puede ser callada. El estudioso de las religiones y místico Huston Smith refiere a esta paradoja con delicadas y precisas palabras:

La paz que sobreviene cuando una persona hambrienta encuentra comida, cuando un enfermo se recupera o cuando una persona que está sola encuentra un amigo, ese tipo de paz es comprensible. Pero la paz que sobrepasa todo entendimiento llega cuando el sufrimiento de la vida no es aliviado. Ésta brilla en la cresta de la ola del dolor; es el arpón del sufrimiento transformado en rayo de luz.[11]

Por su parte, Grun lo describe diciendo:

(Aquellos) que han tenido que afrontar el sufrimiento y que han pasado por él destellan una luz peculiar. Han conseguido la verdadera sabiduría. El sufrimiento los ha ablandado y los ha iniciado en los más insondables misterios… Ellos irradian algo más importante que una riqueza externa. La riqueza interior que resplandece en ellos supera con creces la que dejaban vislumbrar antes de haber pasado por el sufrimiento… De ellos brota la sabiduría que nos podría enseñar hoy el modo de vivir en plenitud.[12]

El sanador herido y el talento resiliente.

Desde lo que ya ha sido expuesto, las correspondencias entre la cualidad de resiliencia y el simbolismo de Quirón parecen bastante explícitas. El talento resiliente que, tal como definimos antes, implica “la posibilidad de superar los sucesos dolorosos de la vida convirtiéndolos en oportunidades para la maduración y el despliegue de un sentido más pleno de la propia existencia” resulta claramente afín con la función de Quirón de despertar a una sabiduría innata (no personal, sino una sabiduría de la vida misma que se revela en nosotros en tanto formamos parte de ella) que permite acceder a un sentido profundo (transpersonal) a partir de experiencias de dolor que no pueden explicarse.

Por otra parte, en el relato mitológico, Quirón es abandonado por sus padres y adoptado por Apolo quien lo educa, le transmite sus conocimientos y estimula sus habilidades. Es evidente que en esta historia Apolo representa el adulto significativo, el agente estimulador de resiliencia, que B. Cyrulnik menciona como condición necesaria para despertar el talento resiliente en el niño sometido a la experiencia traumática. De igual modo, el desarrollo de la función quironiana requiere salir del repliegue en lo individual (en el que sólo es posible experimentar la herida sin sentido, fortaleciendo así la sensación de discapacidad) para abrirnos al encuentro con los demás. La aparición de ese otro significativo representa el necesario estímulo activador del talento curador que se mantiene en estado de latencia hasta el momento del encuentro, bloqueado por el sentimiento de ser víctimas de una injusticia, de ser perjudicados por una situación “que no debería estar ocurriendo”.

Siguiendo con lo mitológico, es interesante reparar en que, además de sufrir la carencia de afecto y reconocimiento de sus padres, Quirón carga con una herida física provocada por una flecha lanzada, en estado de ebriedad, por Hércules. No es un dato menor que la discapacidad física de Quirón haya sido provocada por un “héroe borracho”. Considerando a Hércules como un arquetipo de héroe solar, la historia parece estar contándonos que es precisamente la fascinación del yo, los hechizos del ego con sus fantasías de omnipotencia, lo que profundamente promueve nuestra sensación de discapacidad.

Cuando el desafío que Quirón trae a nuestras vidas es vivido desde una conciencia excesivamente replegada en el ego, cristalizada en la sensación de un yo exclusivo e independiente, la experiencia de la herida tiende a quedar atrapada en el trauma por comparación, en la polarización (negación-victimización) o en la sensación de un “dolor sin sentido” o de un “sentido sin dolor”. Así, del mismo modo que con la resiliencia, la clave de resolución de este conflicto que parece perpetuarse está en la necesidad de que se revele un sentido trascendente al yo, esto es, que se manifieste un sentido de una naturaleza completamente distinta al que podemos arribar desde el sentimiento de ser una entidad individual separada de todo proceso mayor. Esto presupone y exige que la conciencia esté dispuesta a entregarse al misterio universal que opera en nuestras vidas particulares. De este modo, Quirón representa un dolor que exige humildad, y es la humildad una característica distintiva del tipo de sabiduría quironiana.

A igual que Quirón, el talento resiliente no disuelve el dolor, sino que le da sentido. No hace olvidar el dolor, sino que disuelve la tendencia inercial a quedarnos identificados con el sufrimiento. El apego al sufrimiento se vincula a la sensación de sin sentido, a quedarnos encerrados en la experiencia dolorosa preguntándonos “¿por qué?”. El dolor es capaz -sabe- incluir sentido; no se trata de un sentido que desplaza al dolor y pasa a ocupar su lugar, sino de un sentido que se sustenta en el contacto con el dolor y permite interrogarnos “¿para qué?”.

Desde la resiliencia y desde Quirón, el sentido que florece del dolor se relaciona con la actualización de una dirección vital que regenera y otorga nueva fuerza a la existencia. Nada tiene que ver con encontrar explicaciones, dar con el culpable o descubrir las causas que parezcan justificar el suceso traumático. Por cierto, en un plano pueden existir hechos, responsables y razones que lo expliquen, y siempre es conveniente discernir qué agentes objetivos infringen o provocan deliberadamente situaciones traumáticas. No se trata de negar esta dimensión fáctica, sino de percibir que para la emergencia de esta dirección existencial revitalizadora resulta insuficiente quedarse sólo en ella. La resiliencia y el reto quironiano no nos invitan a buscar una justificación para el dolor, sino a descubrir qué sentido ha sido revelado en él. No nos convocan a encontrar una causa del dolor (un por qué, un culpable, un responsable en el pasado) sino a ser testigos y participar de acaso una inesperada dirección que florece de él (un para qué, un convocante, un responsable en el futuro).

Si diéramos forma demasiado definida al sentido que creemos descubrir no podríamos evitar caer en la contradicción de estar pretendiendo explicar el misterio y, al hacerlo, anularlo como tal. El sentido se revela en pequeños gestos que lo sugieren, no que lo definen. El sentido se manifiesta por indicios, no voluntarios, ni racionales, ni anunciados por ninguna autoridad religiosa. El sentido es intuido en lo profundo del alma. Lo que nos da la convicción de que ese sentido es cierto no es la solidez de argumentaciones racionales o de interpretaciones teológicas sino la claridad de explícitas y súbitas intuiciones. Nunca podemos estar seguros de un sentido final, de una misión que se manifiesta definitiva y que ya conocemos de una manera indudable, sino que experimentamos la sensación estar siendo convocados, de estar siendo conducidos hacia una dirección que siempre deja algo abierto.

En este sentido, esa orientación quironiana-resiliente queda manifiesta en las huellas que dejan nuestros pasos mientras acaso creemos andar a la deriva, con nuestra herida a cuestas. Representa una dirección oportuna, una aparente deriva que en verdad conduce a buen puerto. Un sentido implícito (transpersonal) que se revela en una experiencia sin sentido (personal).

En verdad, esta orientación que opera en nuestro destino no se detiene a preguntarnos si estamos o no de acuerdo con el desafío, ni se ofrece como una opción más entre otras a nuestra elección. Usando una frase de Frankl (referida a los principios morales), podríamos decir que el talento resiliente-quironiano “no mueven al hombre, no le empujan, más bien tiran de él”[13]. Se trata de una capacidad que no se reduce a operar en el plano de los eventos, de la experiencia fáctica, en el que los hechos resultan inmodificables y fatales, sino que fundamentalmente se activa y opera en la dimensión del significado, de la experiencia vivencial, en el que el sentido de los sucesos varía de acuerdo a la conciencia. Y no sólo permite discriminar entre los eventos y los significados, sucesos y vivencias, sino que pone el foco de atención, no tanto en “qué pasó” sino en “cómo se vive lo que pasó”.

La capacidad quironiana-resiliente exige agotar la forma de apreciar la realidad en forma polarizada: evaluar los hechos en términos “positivo-negativo”, asumir posturas “optimistas-pesimistas”, juzgar la vida desde la lógica “beneficio-perjuicio”, o identificarnos con alguno de los mecanismos del juego “negación-victimización”. Sólo agotando y consumando nuestra tendencia a la polarización puede habilitarse la percepción de una dimensión mucho más paradojal de la existencia a la que nos convoca la función quironiana y la clave resiliente: cada crisis, cada dolor, cada tragedia es, al mismo tiempo que fuente de sufrimiento, una oportunidad.

No es nada sencillo de vivir, ni tiene el menor sentido planteárselo como un propósito u objetivo a lograr. Tampoco podemos estar seguros de cuándo habrá de manifestarse alguna clave acerca de la oportunidad que representa este dolor que nos abruma. Sólo podemos estar atentos y confiar en que alguna presencia, alguna mirada, alguna voz, o algún hecho aparentemente azaroso nos dé un indicio: ¿para qué resulta oportuno este dolor?

Y aquí no se trata de un tipo de respuesta teórico-racional, o teológica-devocional, sino existencial y vivencial: sólo puede conocerse viviendo, no es previa a la experiencia vivencial. Volviendo a Frankl, podríamos ahora decir que no debemos preguntarnos cuál es el sentido de nuestro dolor, sino que es la vida la que, a través de ese dolor, nos interroga a nosotros.

A cada hombre se le pregunta por la vida y únicamente puede responder a la vida respondiendo por su propia vida; sólo siendo responsable puede contestar a la vida.[14]

Si aceptamos que «amor» significa “capacidad de inclusión”, la resiliencia y el símbolo de Quirón nos ponen frente a una delicadísima paradoja: amar el dolor. Amar significa incluir, comprender, reconocer. No significa desear, negar. Es la revelación de una confianza plena en el pulso vida-muerte, un pulso que es aceptado aunque exceda el control personal. Por cierto, nada tiene que ver con provocarnos deliberadamente experiencias dolorosas, porque “el sufrimiento no significará nada a menos que sea absolutamente necesario”[15]. Amar el dolor significa aceptar la vida-muerte aunque no ocurra sólo “lo que yo quiero”, sabiendo que ese pulso responde al misterio, a lo que no puede ser explicado. El desafío resiliente-quironiano nos pedirá en algún momento de nuestra vida, más temprano o más tarde, amar la vida-muerte, conscientes de ser funcionales a un proceso que no puede atender a nuestra suerte particular. Nos enseña que existe una realidad profunda que es más creativamente compleja de lo que nuestros anhelos personales se representan imaginariamente.

Desarrollar conciencia de vida-muerte, esto es, incluir a la muerte (y por lo tanto al dolor) dentro del proceso de la vida, no como parte sino como una presencia sustancial inseparable de aquello que reconocemos como vida, presupone una capacidad amorosa de comprensión, una sabiduría acerca de la paradójica vivencia de lo real, con su costado luminoso y oscuro. Y esto no sólo aparece simbolizado en Quirón, sino que también representa el complejo pasaje de Escorpio a Sagitario de nuestro viaje zodiacal. Tiene que ver con la necesaria reparación entre instinto y espíritu para que el viaje de la conciencia pueda seguir desplegándose. Implica la recuperación de contacto con la pulsión corporal –y, por lo tanto, del contacto con la muerte- como base para una ampliación de conciencia hacia planos de trascendencia espiritual. Aquí cobra un particular significado el carácter de centauro en Quirón: un ser con dos mitades que responden cada una de ellas a naturalezas distintas y que, no obstante, conforman un único proceso.

El instinto y la pulsión participan de la actividad del espíritu y son fuente tanto de placer como de dolor. El dolor forma parte del proceso espiritual. Aquello que desde nuestra mirada como seres encarnados, como entidades comprometidas con las coordenadas de tiempo y espacio, parece horrendo y cruel (lo siniestro) forma parte necesaria de un proceso más vasto de la vida, al cual despertamos y somos convocados desde nuestro dolor inexplicable.

Claves de interpretación astrológica.

Definiré ahora algunas claves para la interpretación de Quirón en una carta natal. Antes recordemos que haber percibido correspondencias entre Quirón y la resiliencia no equivale a reducir un concepto a otro. El talento resiliente aparece en una carta natal expresado, no sólo por Quirón, sino también por la relación Júpiter-Plutón y por el juego de las casas VIII, IX y XII. Sin embargo, la propuesta es concentrarnos específicamente en la situación de Quirón para hacer lo más nítido posible aquello que revela en una carta, asumiendo el riesgo de fragmentación que tal recorte presupone.

No realizaré una descripción caracterológica de cada una de las posiciones de Quirón por signo, casa y aspecto. No es la intención del trabajo. Aquel interesado en un detalle ese tipo puede recurrir a lo que ya ha sido publicado al respecto. Algunas de esas obras figuran en la bibliografía que se presenta al final de la exposición, como Las doce casas de Howard Sasportas y El simbolismo de Quirón de Melaine Reinhart.

Algunas claves a tomar en cuenta para la interpretación de Quirón son:

  • Por signo. El signo en el que se encuentra ubicado Quirón en una carta natal nos habla acerca de la cualidad con la que el individuo expresará la función quironiana en su vida. Como ocurre con todo planeta lento, las características por signo de Quirón no dará pistas demasiado personales, sino más colectivas o generacionales, o en todo caso resulta fundamental combinarlas con la posición por casa para obtener claves más individuales. Hecha esta salvedad, podemos decir que la posición por signo de Quirón nos indicará en qué cualidad zodiacal la persona habrá de experimentar una herida, sensación de déficit o discapacidad. La presencia de este complejo en la vivencia de la energía de ese signo hará que resulte convocante para la conciencia y que el destino comprometa a la persona en su aprendizaje. A través de la sensación de un dolor que no cesa, Quirón representa un persistente llamado a que el individuo desarrolle una expresión cada vez más sabia de las cualidades de ese signo zodiacal.
  • Por casa. La casa en la que se encuentra ubicado Quirón revela en que área de experiencia, en qué temática de la vida, el individuo habrá de encontrarse con la vivencia de dolor. Al igual que con cualquier planeta por casa, su efecto suele ser mucho más visible y ligado a hechos objetivos que por signo. Muchas veces los personajes característicos de cada casa (hermanos para la III, hijos para la V, pareja para la VII, etc.) pueden encarnar tanto el “maestro-guía” como el “culpable” o la “víctima”, es decir, tanto el agente resiliente como aquel que se identifica como responsable de la situación dolorosa o como aquel que la padece.
  • Énfasis de la casa opuesta. Una de las características más notables de Quirón por casa es el énfasis de la casa opuesta. A modo de compensación, la dificultad para sobrellevar la herida en los temas de la casa en la que Quirón está ubicado provoca que la persona desarrolle los temas de la casa opuesta de un modo muy objetivo y en ciertos casos hasta casi obsesivo. En principio, puede parecer una búsqueda promovida por la necesidad de alivio para descomprimir o hacer más tolerable la carga de dolor acumulada. Pero, muchas veces la casa opuesta a la que se encuentra Quirón aporta claves fundamentales para comenzar a percibir el sentido del trauma experimentado, para que empiece a revelarse resiliencia.
  • Por aspecto. Todo planeta en aspecto con Quirón representará una función planetaria vinculada en forma preferencial con la experiencia de dolor y sentido trascendente. Al igual que con las casas, la persona podrá vivir el desafío quironiano a través del personaje arquetípicamente asociado al planeta. En el caso de aspecto de conjunción, la participación de ese planeta en la vivencia de Quirón resulta más evidente.
  • Tránsitos. Todo tránsito de Quirón sobre otro planeta natal o cúspide de casa natal y todo tránsito de un planeta sobre la posición natal de Quirón (en particular en aspecto duro o de tensión) representan potenciales momentos activadores de la temática quironiana en la vida, ya sea a favor de la manifestación de un hecho traumático o a la emergencia del talento resiliente. Parece resultar más notable el tránsito del propio Quirón sobre planetas y cúspides natales respecto a la sincronicidad con acontecimientos ligados al dolor y el sentido.

Tres casos célebres

Presentaré el análisis de Quirón en las cartas natales de Elisabeth Kübler Ross, Frida Kahlo y Estela de Carlotto. No se trata del estudio de cada una de ellas, sino de un recorte que nos permita corroborar algunas de las hipótesis vertidas acerca de la relación entre Quirón y resiliencia. Por cierto, la elección de los casos es deliberada y no resulta suficiente para demostrar de manera definitiva lo que propone el trabajo. Sirvan entonces para ilustrar que acaso en estos tres ejemplos la propuesta parece verificarse.

Elisabeth Kübler-Ross

8 Julio 1926

22:45 CET

Zurich (Suiza)

Zona –01:00

008E32

47N23

Ascendente 11º27´ Piscis

Medio Cielo 21º36´ Sagitario

Su carta nos muestra a Quirón en Tauro, en la cúspide de la casa II, y con un aspecto de sextíl a la Luna. La correspondencia entre la cualidad taurina y los temas propios de la segunda casa permiten suponer que la herida quironiana tendrá que ver con sus recursos vitales, con el contacto con la fuerza de la vida, con su fuente de talentos y valores innatos, con la expresión física concreta, con la potencia y disfrute de los sentidos corporales y su capacidad de plasmar en lo material. Por su parte, el aspecto de Quirón a la Luna nos habla de una particular sensibilidad a la herida de ser madre, a la experiencia de ternura, cuidado y protección asociado al dolor.

Elisabeth Kübler-Ross es una médica suiza que ha dedicado su vida a investigar el tema de la muerte. Revolucionó el modo de considerar la situación de pacientes terminales, creó centros de atención para niños enfermos de sida y recorrió el mundo dando conferencias acerca de la naturaleza de la muerte y cómo acompañar el proceso de quienes están atravesándola. Su vida no está exenta de polémicas, pero es reconocida como una de las principales autoridades en el tema y tuvo el coraje de enfrentar prejuicios culturales para hablar de la muerte sin tabúes.

De niña construyó un hospital en miniatura donde jugaba a curar pequeños animales e insectos. Fue voluntaria para la atención de refugiados en la época del nazismo. Trabajó con prostitutas víctimas de enfermedades venéreas. Fue socorrista en Polonia luego de la Segunda Guerra Mundial trabajando con sobrevivientes de campos de concentración. Y finalmente, aburrida de la formalidad de la labor hospitalaria, le dedicó su vida a aquel tipo de paciente al que, apartado y oculto, nadie quería atender: los enfermos terminales.

Parece evidente que se trata de una vida atraída por la temática de la casa VIII. La vida pública y profesional de Kübler-Ross pone de relieve el énfasis en los asuntos de la casa opuesta a Quirón. Pero, ¿cómo aparece Quirón en Tauro y en casa II?

El nacimiento de Kübler-Ross fue traumático. Fue la primera de trillizas y por su bajo peso (900 grs.) no creyeron que pudiera sobrevivir. Por su fragilidad física sentía que tenía que esforzarse más que los demás, que debía demostrar que valía y era digna de ser considerada. La sensación de discapacidad provocada por la herida de Quirón en Tauro y casa II.

A los 5 años su familia se muda al campo y allí enferma de gravedad. Es internada en una habitación a solas junto a una niña moribunda. Esta experiencia resulta clave en su vida. Con esta niña siente que comenza a establecer una comunicación telepática. Se hace amiga de la niña y acompaña con naturalidad su muerte, siente saber más que los médicos que no trataban a esa niña “como correspondía”.

Por otra parte, sumando el aspecto de la Luna con Quirón en Tauro en II, su propia experiencia de maternidad fue difícil y compleja. Padece varios abortos espontáneos y los médicos le diagnostican que no podrá ser madre. No obstante, insiste en su búsqueda y logra dar a luz a un niño, pero ella misma estuvo a punto de morir en el parto.

Finalmente, es importante destacar que con su compromiso con el tema de la muerte y la atención de enfermos terminales, Kübler-Ross empieza a vivir experiencias de contacto transpersonal: percibe la presencia de pacientes que ya han muerto, participa de sesiones de espiritismo, se interesa por el tema de la reencarnación, etc. Además, comienza a comprometerse con cuestiones de asistencia social: trabaja en cárceles, crea centros de internación y contención de enfermos terminales, se propone adoptar a niños enfermos de sida… Todo ello con un objetivo: que el contacto con el dolor y la muerte se dé en un medio natural. Invierte todo su dinero en la compra de una granja en Virginia, EEUU, donde instalar su centro. Concentra allí todos sus bienes y toda su labor.

Y en estas circunstancias sobreviene un episodio altamente simbólico de Quirón en Tauro y en casa II (y casa VIII como énfasis complementario). Dejemos que la propia Kübler-Ross lo relate:

La vida sencilla de la granja lo era todo para mí. Nada me relajaba más después de un largo trayecto en avión que llegar al serpenteante camino que subía hasta mi casa. El silencio de la noche era más sedante que un somnífero. Por la mañana me despertaba la sinfonía que componían vacas, caballos, pollos, cerdos, asnos, hablando cada uno en su lengua. Su bullicio era la forma de darme la bienvenida. Los campos se extendían hasta donde alcanzaba mi vista, brillantes con el rocío recién caído. Los viejos árboles me ofrecían su silenciosa sabiduría…

Mi vida.

Mi alma estaba allí.

Entonces, el 6 de octubre de 1994 me incendiaron la casa.

Se quemó toda entera, hasta el suelo, y fue una pérdida total para mí. El fuego destruyó todos mis papeles. Todo lo que poseía se transformó en cenizas.[16]

Vecinos del lugar y grupos reaccionarios de la zona, molestos por la concentración de moribundos y niños enfermos que implicaba la presencia del centro de Kübler-Ross, intentaron eliminar lo que no soportaban ver: su propio dolor y su propia muerte. En agosto de 1994, dos meses antes del incendio, Quirón en tránsito tocaba la cúspide de casa VII natal, inaugurando un período que se extendería hasta comienzos de 1997, haciendo al mismo tiempo cuadratura a Venus natal: momento propicio para hacer contacto con la herida y el dolor de la pérdida desde el escenario de los vínculos complementarios y el encuentro con los otros (y, en terminología clásica, “de los enemigos visibles”).

El sanador herido es una imagen mítica que nos recuerda que ese dolor en el que desarrollamos una profunda sabiduría desde la que despertamos la capacidad de curarlo en los demás, nunca termina de ser curado en nosotros mismos. En este sentido, Kübler-Ross enseñó, con amor y contención, a miles de personas a aceptar su muerte, a atravesarla de un modo natural; sin embargo, su propia muerte representó una vivencia compleja que la llevó a expresar:

La muerte es esencialmente una experiencia maravillosa y positiva, pero el proceso de morir, cuando se lo prolonga como el mío, es una pesadilla… Sé que si dejara de sentirme amargada, furiosa y resentida por mi estado y dijera sí a este final de mi vida, podría despegar, vivir en un lugar mejor y llevar una vida mejor. Pero como soy muy tozuda y desafiante, tengo que aprender mis últimas lecciones del modo difícil. Igual que todos los demás.[17]

Frida Kahlo

6 Julio 1907

08:30 LMT

Coyoacán (México)

Zona 00:00

099W10

19N20

Ascendente 23º31´ Leo

Medio Cielo 23º20´ Tauro

Su carta muestra a Quirón en Acuario y en casa VI, sin aspectos relevantes. Por Acuario, la herida quironiana aparece asociada a la expresión de la creatividad y la libertad, la cualidad de innovación y renovación, mientras que por casa VI la experiencia del dolor tiende a manifestarse en temas ligados a la adaptación funcional al medio ambiente, a la salud física y psicológica, a las actividades de servicio.

Frida Kahlo es una de artistas americanas más reconocidas y resulta muy interesante seguir el rastro de cómo se manifiesta tal vocación por el arte en su vida, ya que Quirón aporta una información valiosa al respecto.

Kahlo nació en México. A los cinco años de edad enferma de poliomielitis, permaneciendo nueve meses convaleciente. Su pierna derecha adelgaza y el pié se queda atrás en el crecimiento, dándole el apodo de “Frida, la coja”.

En su adolescencia, se une a la juventud comunista seducida por vientos de cambio de la época y por el movimiento cultural llamado “Mexicanismo”, que pone en marcha la lucha contra el analfabetismo y a favor de la igualdad social, la integración indígena y la recuperación de lo autóctono. Interesada por las ciencias naturales, la biología, la zoología y la anatomía, decide estudiar la carrera de medicina.

Pero en 1925 habrá de ocurrir un hecho traumático que cambiará el curso de su vida: en un accidente de tranvía que provoca varios muertos y heridos, Frida es atravesada en la zona abdominal por un pasamanos. La gravedad de la herida la tiene convaleciente durante dos años, y nunca pudo recuperarse definitivamente.

Durante nueve meses debe usar un corsé debido a la rotura de una vértebra lumbar. Inmovilizada para su recuperación, Frida se refugia en la lectura, en particular acerca de la Revolución Rusa y sus ideales, y en la pintura, adaptando un caballete a su cama y colocando un espejo para usarse a sí misma como modelo. En poco tiempo la pintura se convertirá en el centro de su vida.

Sufre múltiples operaciones, pero su deterioro físico resulta irreversible. Anhela poder desarrollar una actividad política y experimentar la maternidad para convertirse en “la mujer de Diego Rivera”, aún cuando significara abandonar la pintura. Sin embargo, su físico no se lo permite. Sufre dos abortos, uno de ellos con riesgo de muerte, y finalmente resigna su deseo. Progresivamente, el destino conduce a que Frida permanezca postrada en su cama, pintando.

En el caso de Frida, la posición de Quirón en VI parece manifestarse con toda nitidez. La “herida que no cierra” es su propia salud física, afectada tempranamente por la poliomielitis y marcada en forma definitiva por el accidente. Desde la teoría, su primera opción vocacional, la medicina, parece muy apropiada para el talento de curar explícitamente la salud física de los otros que podemos adjudicarle a Quirón en VI.

Sin embargo, Frida no desarrollo una carrera como médica, sino que respondió al llamado de la casa opuesta: la XII. Lo que parece haberle dado sentido a su dolor, al padecimiento del deterioro de su salud física, ha sido expresar en imágenes su sufrimiento. Y no resultó simplemente un modo catártico de sobrellevar su herida, sino que con sus cuadros, con la potencia de esas imágenes, logró una resonancia colectiva impensada, una empatía con el dolor humano, ya no simplemente “de Frida”. Y esta profunda compasión humana que inspiran sus obras, en verdad, supera toda barrera ideológica, va más allá del mundo de las ideas y de las posiciones políticas. Sus imágenes impactan en el inconsciente colectivo y se inscriben, más allá de que Frida se lo haya propuesto o no, en una dimensión sagrada de la experiencia humana del dolor.

Estela de Carlotto

22 Octubre 1930

09:00 AST

Buenos Aires (Argentina)

Zona +04:00

058W27

34s36

Ascendente 03º48´ Capricornio

Medio Cielo 15º38´ Virgo

Su carta muestra a Quirón en Tauro, en casa V, con aspectos de quincuncio a Mercurio y de sextíl a la conjunción Júpiter-Plutón.

Ya hemos comentado en el caso de Kübler-Ross que Quirón en Tauro sugiere que la herida quironiana tendrá que ver con el contacto con la fuerza de la vida, con la potencia y disfrute de los sentidos corporales y su capacidad de convertir talentos potenciales en recursos materiales.

Por su parte, Quirón en casa V nos habla acerca de que el dolor desde el cual emergerá un profundo sentido vital se vincula a la temática de la expresión creadora, los hijos, la capacidad de distinguirnos como seres singulares y las actividades que llevamos a cabo de corazón, sin que intermedie especulación de beneficio personal. Ahora bien, considerando el personaje, cobra relieve la casa opuesta y su temática: la participación en grupos sociales, en redes vinculares, organizaciones y sistemas, en la interacción con otros y el desarrollo de conciencia grupal. Del mismo modo, el aspecto de Quirón con Mercurio resulta significativo al considerar que es el regente del Medio Cielo y vincula a la función quironiana con el lugar que a ocupa en la sociedad, a la experiencia del dolor con la posición social desde la se obtiene reconocimiento y honores; por su parte, el sextíl a Júpiter-Plutón remite al aprendizaje de un sentido que brota del dolor, de una dirección vital que se revela en la existencia a partir de atravesar situaciones que llevan al límite de lo que se cree soportar.

Como argentinos, todos conocemos la historia de Estela. Habiéndose propuesto una vida sencilla, simple y anónima, la experiencia del dolor la lleva a un destino impensado. En el año 1977 su hija Laura es secuestrada, embarazada de quien sería su nieto, por fuerzas paramilitares y detenida en un centro clandestino. Allí da a luz al un niño y luego es ejecutada, sin que se brinde ninguna información oficial. A Estela le es devuelto el cuerpo de su hija, se le miente respecto a los sucesos de su muerte y se le niega la existencia de su nieto, quien es entregado en forma secreta e ilegal a una familia.

Hacia 1977 Quirón transitaba nuevamente la casa V. Había alcanzado la cúspide en 1974, iniciando un largo transito por esa casa (hasta 1983, el fin de la dictadura militar) durante el cual haría oposición al Sol (1976-1977) y oposición a la Luna (1978). El tránsito de Quirón al Sol natal es sincrónico con el secuestro de Laura, un momento en el que la identidad de Estela -aquella que creía ser y con quien estaba identificada- se ve conmovida por el impacto traumático que la expone a la situación de transformarse y despertar a un talento desconocido, a una capacidad resiliente hasta ahora no actualizada, o quedar atrapada en la victimización y el resentimiento. Mientras que el tránsito de Quirón a la Luna es sincrónico a la muerte de Laura y posterior entrega de su cuerpo. Este es el momento de su ingreso a Madres de Plaza de Mayo, que dará origen luego a un compromiso cada vez mayor con el florecimiento de su potencial de resiliencia, más plenamente conformado hacia el momento del retorno de Quirón (1980) y su concentración en la labor de restitución de nietos con Abuelas de Plaza de Mayo.

A partir de aquel episodio traumático la vida de Estela se transforma. La experiencia de Quirón en casa V, el dolor de la pérdida de una hija y la herida abierta de no conocer el paradero de su nieto, la lleva a hacer contacto con un padecimiento al que sólo pudo encontrarle sentido desarrollando temas de casa XI: no concentrarse exclusivamente en la búsqueda de su nieto, sino organizar un grupo de abuelas que como ella sufrían esa ausencia. De este modo, Estela fue descubriéndose a sí misma como líder de una red, de un conjunto de individuos que multiplicaban su fuerza agrupándose, colaborando solidariamente para sostenerse en el dolor y obtener información que les permita saber de sus nietos.

Aunque su propia herida no ha sido curada (su propio nieto aún no ha sido recuperado), a través de Abuelas de Plaza de Mayo, la red que generó y conduce, ha logrado ser un efectivo agente resiliente y encontrar a decenas de otros nietos, curando el dolor de otros y, acaso, curando en parte su propio dolor en esa entrega.

Bibliografía

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[1] Frankl, Viktor. El hombre en busca de sentido. Editorial Herder, pág. 98.[2] Rogers, Carl. El camino del ser. Kairós, pág. 63.

[3] Rogers, Carl. El camino del ser. Kairós, pág. 63.

[4] Rogers, Carl. El camino del ser. Kairós, pág. 64.

[5] Grün, Anselm. ¿Por qué a mí?. Ágape y otros, cap. 1 y 2.

[6] Sasportas Howard. Las doce casas. Ed. Urano, pág. 381.

[7] Sasportas, Howard. Las Doce casas. Ed. Urano, pág. 381

[8] Reinhart, Melaine. Significado y simbolismo de Quirón. Ed. Urano, cap. 1.

[9] Grün, Anslem. Luchar y amar. Ed. San Pablo, pág 148.

[10] Grün, Anslem. Luchar y amar. Ed. San Pablo, pág 149.

[11] Smith, Huston. La percepción divina. Kairós, pág 102.

[12] Grün, Anslem. Luchar y amar. Ed. San Pablo, pág 149

[13] Frankl, Víctor. El hombre en busca de sentido. Ed Herder, pág. 100.

[14] Frankl, Víctor. El hombre en busca de sentido. Ed Herder, pág. 108.

[15] Frankl, Víctor. El hombre en busca de sentido. Ed Herder, pág. 111.

[16] Kubler-Ross, Elisabeth. La rueda de la vida. Byblos, pág. 17.

[17] Kubler-Ross, Elisabeth. La rueda de la vida. Byblos, pág 381

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Estar Herido y la Voluntad de Vivir . Por Liz Greene

Por Liz Greene

"Apollon", Agosto 1999

Desde el descubrimiento de Quirón en 1977, los astrólogos experimentaron y exploraron sus temas, escucharon los nuevos relatos que resuenan sobre su antiguo mito y llegaron a una cierta comprensión de su impacto arquetípico. Ahora, cerca de veinte años después, Liz Greene ve a Quirón como esencial para profundizar nuestra comprensión de la conciencia solar, pues, para elegir vivir la vida a pleno, debemos encarar esa parte nuestra que más bien busca la muerte.

La voluntad de vivir es un gran misterio. Todo médico, cualquiera sea su experiencia en enfermedades con riesgo de vida, sabe que dicha voluntad puede afectar el bienestar tanto físico como psicológico, y que la supervivencia frecuentemente depende de la voluntad de vivir del enfermo más que de los tratamientos médicos administrados. La voluntad de vivir tampoco es necesariamente lo que proclamamos sentir. Podemos proclamar que queremos vivir, pero en algún lado, dentro nuestro, queremos "ir a casa", y este anhelo de olvidar puede ser más poderoso que cualquier declaración conciente o intención de "mejorar". Algunas personas reaccionan ante el conflicto, el dolor y la desilusión, con una respuesta creativa que transforma su perspectiva y hasta su circunstancia. Otros se vuelven amargados y desesperanzados y viven en un mundo gris y tenebroso o pierden totalmente su voluntad de vivir.

Entre aquellos que han renunciado internamente, no están sólo los suicidas activos, sino también aquellos arquitectos de sus propios "accidentes fatales", quienes, aún inconcientemente, están incentivados por un poderoso anhelo de llegar al final del sufrimiento y la desdicha. El comportamiento autodestructivo no siempre implica el gesto obvio de tomar un frasco de píldoras o usar un cuchillo para cortarse las venas.

No existe una fórmula fácil para determinar porqué algunos individuos enfrentan los desafíos de la vida, a pesar de sufrir severos infortunios y limitaciones, mientras otros dan la espalda a su futuro, aún si la suerte los favorece. Además, no siempre, la pérdida de la voluntad de vivir puede tener como resultado la autodestrucción. Puede expresarse como el impulso de destruir a otros, como si, en un nivel profundo e inaccesible, la proyección de la desesperanza y la victimización de otros le diera, al individuo que sufre, la ilusión de que es fuerte y está controlando su vida. De esta manera, la persona que, secretamente, ha perdido la voluntad de vivir puede, en extremo, tratar de privar a los otros de la alegría -y quizás aún de la vida-encontrando una víctima propiciatoria que pueda cargar con toda la desesperación que siente dentro suyo.

El misterio puede tener su origen, como muchos misterios, en el enigma del carácter individual inherente, y la carta natal puede darnos amplia comprensión de los modelos que apuntalan ese carácter. Para cualquier polaridad que se da en la vida, nosotros, como astrólogos, siempre necesitamos buscar una polaridad entre los planetas, y ésta de esperanza versus desesperación, de la voluntad de vivir versus desesperanza, puede ser iluminada, al menos en parte, a través del simbolismo de la polaridad entre el Sol y Quirón.

No creo que podamos comprender realmente el significado de ninguno de esos planetas sin considerar el del otro. Aunque no estén realmente formando un aspecto en todas las cartas personales, no obstante, ambos están presentes en todas ellas constituyendo una energía dinámica dentro de la personalidad. Un aspecto directo agudiza esta dinámica y frecuentemente se transforma en el foco del viaje personal, pero la polaridad existe en cada uno de nosotros. Todos los planetas hasta e incluyendo a Saturno, sirven al desarrollo del ego individual, especialmente simbolizado por el Sol, de hecho, podemos aún decir que los planetas personales "sirven" al Sol como centro de la individualidad. Pero Quirón yace en la interfase entre Saturno y los planetas exteriores, por eso mediatiza las cuestiones colectivas que impactan y hieren al individuo. Por su naturaleza, la implicancia colectiva de Quirón, significa algo colectivamente "no cicatrizable" porque la herida existe en lo colectivo y es ancestral. Por su naturaleza, el Sol refleja el sentido de finalidad y significado de vida de cada individuo, y éstos están íntimamente ligados a la voluntad de vivir y de llegar a ser uno mismo. Cada uno de estos planetas necesita al otro, pero si la balanza se inclina mucho para un lado o para el otro, pueden sobrevenir ciertos problemas psicológicos.

Seguidamente hay una lista de "palabras claves" que puede ser de ayuda para entender la relación entre el Sol y Quirón. Me gustaría primero explorarlas en mas detalle y luego ver lo que puede pasar cuando el Sol trabaja contra Quirón, y lo que puede pasar cuando trabajan juntos. Después de una breve descripción de ambos planetas, el ejemplo de una carta puede ayudar a ilustrar la misteriosa dinámica entre el Sol y Quirón.

Temas claves__________________________________________

El sol Quiron

Destino individual Las frustraciones e imperfecciones colectivas

Sentido de significado Desilusión

Esperanza para el futuro Los ideales frustrados

Auto-confianza Ineludible sensación de estar herido

Generosidad Amargura y cinismo

Identidad individual separada de la familia Daño físico y psicológico

y la sociedad

El poder de crear Búsqueda de la comprensión

La habilidad para jugar Compasión

El niño divino

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El Sol trabajando en contra de Quirón El Sol trabajando junto a Quirón

Depresión Sabiduria

Pérdida de confianza Paciencia para afrontar aquello que no puede cambiarse

Sensación de daño permanente Tenacidad y firmeza

Cinismo Entendimiento de patrones profundos

Expectativa de fracaso Melancolía que lleva a lo profundo pensamientodel los sentimientos

Sentido de victimización o de ser víctima Decisión de contribuir al bienestar de los demás

propiciatoria

Deseo de victimizar o hacer del otro una Compasión

víctima propiciatoria

Proyección de inferioridad sobre otros Sentimientos de ser especial atemperados por la

Pérdida de la voluntad de vivir aceptación de los limites humanos

Activación de la voluntad de vivir

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El significado del Sol

No perderé tiempo en describir el significado del Sol pues ya lo he hecho ampliamente en varias oportunidades. En resumen, el Sol representa la esencia de la divinidad individual viviente(o, si se prefiere, un término menos "espiritual", el impulso vital), encarnado en una forma humana, con los límites de una vida individual y que se expresa a sí mismo con una naturaleza y propósito específico. A través del Sol nos experimentamos como únicos, especiales y nacidos con algo para aportar a la vida. Para parafrasear lo expresado por Charles Harvey en una conferencia, el Sol, dentro nuestro, hace que nos conectemos con el macrocosmos y nos experimentemos como parte de algo eterno.

Esta experiencia interna nos transmite, no "felicidad" en el sentido coloquial ordinario, sino una profunda serenidad y esperanza que surge del sentimiento de vivir una vida útil y significativa. Podemos llamar a esto una experiencia de "destino individual", porque el Sol refleja aquella parte nuestra que sabe que estamos aquí para concretar un propósito específico. Apolo fue, en el mito griego, el dios que disipaba la oscuridad de la maldición familiar y liberaba al individuo de las ataduras de un "pecado" ancestral.

El sentido del significado y propósito individuales puede verdaderamente liberarnos del sentimiento de estar atrapados en el pasado familiar. El Sol también nos da un sentido de futuro individual, confianza en nuestro propósito y la convicción interna de que estamos "yendo a algún lado". Es el Sol el que nos permite pelear, para liberarnos a su vez del sentimiento de futilidad e inutilidad, y el que afirma nuestro valor único aún si nuestras circunstancias son penosas.

La experiencia interna de destino, significado y esperanza individuales nos brinda, a su vez, auto-confianza y una creencia en la bondad esencial de la vida, y esto puede ser una poderosa fuerza curativa tanto a nivel físico como psicológico. Si la expresión del Sol está bloqueada, ahogada, o poco desarrollada por alguna razón, -por heridas infantiles, por ejemplo, o por conflictos internos reflejados en la carta- a la persona le resulta muy difícil sentir que tiene el derecho a estar viva por sí misma. Las dificultades de la vida pueden, entonces, amplificarse porque no hay sensación interna de ser especial ni esperanza de la cual nutrirse.

En la carta, el poder de creación depende del Sol porque cuando creamos algo, nos entregamos a algún "otro", dentro nuestro, al cual le confiamos que traerá buenos frutos. La creatividad requiere un acto de confianza. También el juego, donde nos entregamos al fluir del poder imaginativo que nos hace sentir alegres. El símbolo más antiguo de este poder solar, creativo y juguetón, es la imagen del niño divino, que personifica lo eternamente joven e indestructible dentro nuestro.

El significado de Quirón

En el arte grecorromano, Quirón es siempre representado llevando un niño sobre sus espaldas. Pero a pesar de este emblema de esperanza, la figura del Rey de los Centauros es trágica. Vale la pena reiterar el mito, que es frecuentemente distorsionado o mal relatado por ser tan penoso. En el mito, Quirón no se vuelve un curador por haber sido herido.

Esa es una reinterpretación optimista que intenta darle un sentido al dolor de la vida asignándole un significado y propósito específicos: desarrollar la compasión y la sabiduría para curar a otros a raíz de nuestro propio dolor. Esta reinterpretación del mito es válida como una forma de trabajar con las heridas propias. Pero el dolor de Quirón no servía a tan nobles propósitos en el relato verdadero. El ya era maestro y curador antes de ser herido. Podría inferirse que él ya está herido porque sufre de aislamiento, aunque es un Centauro, y por lo tanto, miembro de la tribu de criaturas que simbolizan el poder del instinto natural, él es en sí mismo civilizado, y esto mismo es lo que lo separa de su tribu. Quirón, en este contexto, representa al animal sabio, el poder natural que por su propia voluntad ha escogido servir a la evolución y a la conciencia humanas, más que permanecer ciegamente sujeto a las compulsiones instintivas del reino animal. Como el "animal que ayuda" de los cuentos de hadas, Quirón vuelve su espalda al salvajismo de su naturaleza instintiva para servir al modelo evolutivo, el cual considera es el camino a seguir para la totalidad de la vida.

Pero Quirón está en el lugar y momento equivocados. Es atrapado entre Hércules, el héroe solar que personifica la fuerza del ego humano, y los salvajes e indómitos Centauros a quienes Quirón mismo ha dejado atrás. Quirón no toma partido durante la encarnizada batalla, pues él simpatiza con los dos. Quizá, por este rol mediador, que lo ha privado de su agresión natural, es accidentalmente herido por una flecha envenenada apuntada a otro Centauro; y la herida no sana, no importa cuál sea el método curativo que le aplique. Finalmente se retira a su caverna, aullando de angustia, rogando morir. Zeus y Prometeo se apiadan de él y le conceden la gracia de la mortalidad, permitiéndole morir en paz como cualquier mortal, a pesar de haber sido un dios.

Este terrible relato implica una condición de injusticia en la vida que es dura de aceptar para cualquiera, y quizá aún más para los individuos idealistas involucrados en estudios tales como la astrología. Queremos creer que la vida es justa, que la bondad es premiada y la vileza castigada, por lo menos en alguna otra encarnación si no lo es en ésta. Aquí hay una criatura buena que sufre por una falta que no le pertenece, una víctima de la inevitable batalla entre la evolución y la inercia, entre la conciencia y el instinto ciego.

Quirón es una imagen de aquello que ha sido herido en nosotros injustamente por la vida, y por condiciones ineludibles que reflejan frustraciones e imperfecciones en la psiquis colectiva que es infaliblemente tosca en sus esfuerzos por progresar. A raíz de que los seres humanos somos tanto héroes solares como animales salvajes, y de que nuestros esfuerzos por civilizarnos a nosotros mismos produjeron, a lo largo de la historia, resultados desastrosos, tenemos un legado de dolor infligido injustamente, que repercute a través de generaciones. Los daños físicos y psíquicos, cuyas causas yacen, no en el fracaso individual o aún familiar, sino en una herencia genética o desastres colectivos como el Holocausto o la pesadilla actual en Kosovo, pertenecen al reino de Quirón.

En estas esferas nuestros esfuerzos individuales inflamados por el Sol, refinados y concentrados por los planetas interiores y a los que da forma y fortaleza Saturno, son desbaratados o dañados por fuerzas de la vida, la historia, la sociedad, y la psiquis colectiva, sobre las cuales no tenemos control y por las cuales, como individuos, no podemos ser culpados.

Semejante choque con las inevitables imperfecciones de lo colectivo pueden dejarnos llenos de amargura y cinismo. Podemos castigar a otros porque nos sentimos mutilados, heridos e irredimibles. O podemos castigarnos a nosotros mismos. Pero si logramos avanzar más allá de la negra bilis de la amargura, y si somos lo suficientemente persistentes en la búsqueda de respuestas, podemos por cierto, hallar una respuesta; aún si la respuesta es que no hay respuesta, y que debemos aceptar los límites de la existencia mortal. La aceptación es uno de los regalos de Quirón, y es diferente a la resignación autocompasiva. La gracia de la muerte, obtenida por Quirón, puede comprenderse como un símbolo de la aceptación de la mortalidad, y constituye una transformación que, aún si no puede curar lo incurable o alterar el pasado, puede cambiar radicalmente nuestra perspectiva de la vida.

A través suyo aprendemos compasión, aunque de una clase limitada. La compasión de Quirón es la compasión de un cojo por el otro. Podemos sentir una profunda empatía por aquellos que han sido heridos como nosotros, pero sin el calor y la luz del Sol, tal vez no encontremos la generosidad para movernos más allá del círculo estrecho de aquellos cuya aflicción específica refleje la nuestra, y ver que la vida nos ha lastimado a todos, de una u otra manera.

Quirón como víctima propiciatoria: el herido se transforma en agresor

Hay muchas etapas en el proceso que representa Quirón, comenzando por su herida y terminando con su transformación en un ser mortal y el alivio de su sufrimiento. Estas etapas encierran rabia, furia, el deseo de lastimar a otros, amarga resignación, autocompasión, sentimiento de victimización, y finalmente, la aparición del deseo de comprender los patrones universales que yacen más allá del dolor personal. Si en cualquiera de estas etapas fallamos en enfrentar lo que nos está pasando, podemos quedarnos fijados en el rol de victimario y actuar alguno de los rasgos menos atractivos de Quirón. Quirón es, después de todo, herido en su mitad animal, y los animales no se caracterizan por su actitud filosófica cuando son heridos. Aquellos que tienen el vigor necesario tienden a morder a su vez.

Por ser tan relevante para la situación mundial actual, he elegido para hacer una breve reseña, la relación entre el Sol y Quirón en la carta de Slobodan Milosevic, quien, al momento de escribir este artículo, ostenta el dudoso honor de personificar todo lo que hallamos más aborrecible en la naturaleza humana. No hace mucho, Adolf Hitler, ostentó este honor; sin duda otros, igualmente calificados, los seguirán en el futuro. Si Milosevic es o no el verdadero perverso que algunos pretenden, o un ser humano que ha sido dañado insufriblemente y se transformó por esto en una fuerza destructiva, no es una respuesta que pueda dar ahora.

Esta cuestión forma parte de innumerables debates dentro de las profesiones curativas y propone el acertijo imposible de resolver acerca de si el deseo de destruir proviene del carácter heredado, o si es producto de haber recibido en la infancia un daño llevado a extremos espantosos. Como con todos estos acertijos, la respuesta probablemente, yace en una combinación de ambos. Pero me parece, revisando esta carta en el contexto de la actual situación en Yugoslavia, que podemos aprender mucho de lo que sucede si la herida de Quirón no es tratada en un nivel interior. Milosevic no ha dado muestra alguna de haber perdido la voluntad de vivir.

Él es, aparentemente, lo opuesto: un tenaz sobreviviente que hallará cualquier manera de retener su posición de poder cualquiera sea el costo para los demás. Son los otros quienes, han perdido a manos de Milosevic, no sólo el deseo de vivir, sino también sus vidas reales. Sin embargo el retrato interior es un poco diferente.

En esta carta Quirón no está aspectando el Sol. De cualquier manera es poderoso a través de sus conjunciones con la Luna y Plutón en Leo, todos ellos ubicados en la 4° casa en cuadratura con Tauro en el Ascendente. El Sol esta en la 5° casa en su propio signo de Leo, y es por lo tanto, el dispositor de Quirón.

La relación dinámica entre el Sol y Quirón en esta carta no se da a través de un aspecto directo, sino a través de la polarización de la 5° casa auto-expresiva y con un tinte mitológico, con Sol en Leo; y la Luna, sombría y herida de la 4° casa, con su herencia de muerte y destrucción no sólo en la familia inmediata, sino también en la memoria ancestral de agravios a la psiquis colectiva en la que Milosevic nació.

Muchos serbios guardan una ira de cientos de años contra el mundo musulmán por la ocupación que hicieron de sus tierras los turcos otomanos en el siglo XIII. La comunidad albanesa musulmana es percibida como una mera continuación de aquel ultraje ancestral.

La Luna en la 4° casa percibe esas cosas personalmente como si hubieran ingerido esa memoria arcaica a través de la leche de sus madres.

La opresión del régimen comunista de Tito también es relevante aquí, con su repudio por la individualidad leonina. Milosevic es, por supuesto, comunista y la única salida para un doble leonino con esa ideología política, es el poder. Pero aunque el poder pueda satisfacer la urgencia del Sol por crear, no puede curar la herida de la Luna en Leo que anhela ser especial y amada. No es probable que esta persona, sin agua en su carta natal y con la dura disciplina interna de una conjunción Saturno-Urano en cuadratura con el Sol y Mercurio, reconozca o admita el origen de su sufrimiento, porque las emociones, especialmente aquellas que siente la víctima vulnerable, son aterradoras. Uno no sobrevive si siente. Uno sobrevive si lucha; el Sol está en trino con Marte dignificado en Aries, en la 12° casa, la cual es por sí misma, un canal para el sueño de heroísmo colectivo ancestral.

El poder Plutón-Quirón que lastima a la Luna es percibido afuera, en un pueblo vulnerable que es visto como un enemigo poderoso. Como siempre que uno proyecta partes de uno mismo hacia afuera, Milosevic vive en el salón de los espejos.

Analizar los motivos de una persona como Milosevic puede enseñarnos mucho acerca de nosotros mismos. Por supuesto es fácil decir: Ah naturalmente él se comporta así porque su "no sé qué" está en "no sé dónde", aspectando a "tal y tal". Este es un juego que todos los astrólogos jugamos, especialmente cuando nos permite sentirnos superiores. Sin embargo, la conjunción en la 4° casa de Milosevic habla, no de un comportamiento inevitable sino, de una profunda herida ancestral, transmitida y representada por la familia inmediata.

Los padres de Milosevic se suicidaron ambos, un hecho que sin duda exacerbó y jugó un papel en el sabor oscuro, característico de esta conjunción. Este hombre enfrentó la muerte y el abandono total a muy temprana edad, por lo tanto, la supervivencia no puede estar nunca garantizada para él. Quirón-Plutón es también una marca generacional, como lo es también la conjunción Saturno-Urano, y ambas ocurrieron y reflejaron el horror de la Segunda Guerra Mundial.

Esos niños nacidos con este par de conjunciones saben bien, en su sangre y en sus huesos, que la vida no es segura, y que la inocencia y la bondad no son garantía de supervivencia. Esto se aplica aún si uno ha nacido en un medio relativamente "seguro", fuera de la arena de la guerra. Por debajo de la Saturnina piel de la individualidad, la psiquis colectiva asegura que todos nosotros participemos y encarnemos en algún nivel, oscuro o luminoso, la época en la que nacemos.

Que Milosevic es un hombre profunda, salvaje y quizá irrevocablemente herido, está fuera de dudas. Que él siempre ha tenido la capacidad de elegir qué hacer con esa herida, también está fuera de dudas, y todos nosotros sabemos cómo él elige expresarla. La ferocidad de su herida interna es proporcional a la que él ha infligido en cientos de miles de personas inocentes. Quirón y su dolor, inflamado por la furiosa lucha plutoniana por sobrevivir, sugiere aquí la profunda convicción de que sólo a través de la muerte de aquellos percibidos como destructores, puede asegurarse la propia supervivencia. Afortunadamente los lectores de este artículo no se inclinan por tomar el camino de Milosevic.

A él se lo puede despreciar y odiar fácilmente. Sin embargo, podemos llegar a ser más parecidos a él de lo que creemos, en pequeñas formas que juzgamos como no importantes, pero que, no obstante, revelan la penosa lucha que experimentamos al encarar y soportar honestamente nuestras propias heridas, más bien que al encontrar algún otro respecto del cual sentirnos superiores y con cuyo sufrimiento podemos secretamente deleitarnos.

Lucha y síntesis

El psicoanalista Michael Balint escribió que en el núcleo de toda enfermedad, tanto física como psicológica, hay una herida fundamental, una lucha o conflicto interno que parece insuperable y que puede generar amargura, rabia y la pérdida de la voluntad de vivir. No hay en esta afirmación ninguna implicancia de culpabilidad individual, sino más bien la sugerencia de que si el conflicto puede traerse a la conciencia, hay una buena chance de que el curso de numerosas enfermedades físicas y psicológicas pueda ser alterado o enfrentado con un espíritu diferente y más positivo.

Si Quirón trabaja contra o abruma al Sol, el resultado puede ser la depresión, pérdida de confianza y una sensación de daño o herida permanente. Uno se vuelve cínico, como dice Mefistófeles de Goethe "Soy el espíritu de la negación". Uno espera el fracaso y, porque lo espera, probablemente lo encuentre. La sensación de ser victimizado o de ser el chivo expiatorio puede ser muy intensa; o podemos proyectar el estar herido en otros y victimizarlos o tomarlos como víctimas propiciatorias.

Si caemos en desconocer nuestra sensación interna de amargura y de estar heridos, podemos volvernos arrogantes y subirnos al caballo de nuestro grandioso logro espiritual, mirando por encima del hombro a aquellos que juzgamos están menos evolucionados que nosotros. También podemos volvernos intolerantes y hasta crueles con aquellos que inadvertidamente nos recuerdan que estamos lastimados. Y así la herida se mantiene abierta en la oscuridad.

Sin embargo, la imagen grecorromana de Quirón cargando al niño divino en sus espaldas, nos habla también de que estos dos símbolos antitéticos pueden trabajar juntos. En el mito, Quirón es el maestro del niño, aquél al que se le confiaba el cuidado y la educación del príncipe que llegaría a ser rey. Esta es una imagen rica y esperanzadora del rol que nuestro incurable mal puede jugar en la educación de la persona en la que estamos en camino de convertirnos.

Somos capaces de encontrar una cualidad de serenidad y sabiduría que emerge de la paciencia con que afrontamos aquello que no puede cambiarse.

También podemos desarrollar fortaleza y firmeza, y perder el sentimentalismo que hace de tantos idealistas personas totalmente ineficaces para alcanzar sus sueños. Además podemos vislumbrar los modelos más amplios, más profundos: la lenta y dolorosa evolución de lo colectivo, del cual somos parte, y con el que debemos compartir responsabilidades. Los errores y desastres colectivos no son "sus" errores, la suciedad humana nos pertenece a todos. Podemos denigrar a Milosevic, y es correcto hacerlo, sin embargo, cada vez que nos burlamos con desprecio de cualquier grupo minoritario racial, religioso o social o que tratamos disimuladamente de hacerles la vida más difícil a las personas que nos recuerdan nuestras propias imperfecciones, estamos desplegando una pequeña parte de él en nosotros. He conocido gente muy vocinglera, políticamente correctas, que al retirarse detrás de las puertas cerradas de sus casas se transforman en pequeños Adolfos y Slobos para con sus parejas e hijos.

Puede ser sabio recordar que las colectividades eligen sus líderes, y cuando esas pequeñas porciones de víctimas mutiladas dentro de cada uno de nosotros se entremezclan, entonces nos inclinamos a poner en el poder a una persona que cumplirá el deseo del herido y del heridor de cada uno de nosotros. Antes de asignar el origen del mal presente a figuras como Milosevic, haríamos bien en mirarnos en el espejo.

La melancolía que Quirón puede generar, entibiada por la luz del Sol, también puede llevarnos a tener profundidad de pensamientos y sentimientos y a movilizar en nosotros la determinación de contribuir al bienestar de los demás. Podemos encontrar una clase diferente de compasión, no sólo por aquellos que han sido lastimados de la misma forma que nosotros, sino por gente cuya experiencia no se iguala necesariamente a la nuestra, pero que, sin embargo, merecen compasión por el sólo hecho de que todos somos seres humanos.

Si uno ha perdido un ojo, es fácil sentir simpatía por los tuertos como nosotros y odiar a aquellos que son lo suficientemente afortunados como para disfrutar de una visión completa. El Sol trabajando con Quirón puede engendrar suficiente generosidad de espíritu como para reconocer que todos los seres humanos sufren por el sólo hecho de estar solos y de ser mortales, y que esa herida específica no es mas "especial" o más merecedora de compasión que otras. Es posible que aquellos que proclaman su compasión por los albaneses de Kosovo, también sean los que tengan poca compasión por sus vecinos negros o gays o judíos o paquistaníes o, los que patean a su perro sólo para aliviar su estrés.

El Sol trabajando con Quirón anula tales hipocresías para llevarnos a compartir la esencia del oculto corazón humano. Más importante aún, el Sol trabajando con Quirón puede activar la voluntad de vivir, no solo en un ciego nivel egoísta, sino a causa de que el sentido de finalidad personal se ha combinado con el sentimiento de empatía por la lenta y penosa lucha hacia la luz que existe en toda cosa viviente.

El Sol y Quirón en aspectos directos

A aquellos que tienen un aspecto directo entre el Sol y Quirón les es posible conocer, en un nivel profundo, cómo la injusticia de la vida puede dañar el espíritu, y si son capaces de tomar el desafío de esta combinación de planetas, pueden también dedicar su considerable energía y fortaleza a dejar el mundo como un lugar mucho mejor de lo que era cuando llegaron a él. Hay muchos ejemplos de gente "famosa" con aspectos entre el Sol y Quirón, que ilustran este punto; para este fin es bueno consultar cualquier compendio de cartas natales, tales como el Taeger's Internationales Horoskope Lexikon. Pero más que hacer hincapié en famosos, me gustaría mencionar brevemente a dos personas conocidas, quienes me consultan por sus cartas, ambos con el Sol en conjunción con Quirón, que ejemplifican la clase particular de dolor que Sol-Quirón puede sufrir. Una de ellas también personifica la clase de resolución creativa que es posible.

La primera, una mujer con el Sol en conjunción con Quirón en Capricornio en la 9° casa, experimentó la herida de Quirón en la esfera religiosa(como es de esperar del emplazamiento en la 9° casa) por haber nacido en una familia judía ortodoxa, muchos de cuyos miembros murieron en el Holocausto. Ella heredó una profunda amargura y desconfianza por la gente y la vida, basada no sólo en su propia experiencia, sino además en una percepción heredada de ser el chivo expiatorio en un mundo hostil.

Esta herida incluyó también, una corriente actitud judío-ortodoxa en torno a la inferioridad de las mujeres, manifestada a través de ciertos tabúes acerca del cuerpo. Una amalgama de experiencias culminantes que explicitaban la injusticia de la vida, generó en esta mujer un profundo veneno y cinismo y una convicción aparentemente inamovible de que ella era menos que nada. Como resultado se victimizó a sí misma comiendo compulsivamente y manteniendo una cadena de relaciones destructivas.

La identificación con la víctima propiciatoria, la opresión de un furibundo perseguidor interno, y la sensación de un cuerpo imperfecto e inferior, fueron las grandes áreas en las que ella trabajó en su psicoterapia durante muchos años, con ocasionales pedidos que me hacía de actualización de su carta. Llevó mucho tiempo que ella pudiera pelear su camino fuera de la herida de Quirón y experimentara el respeto y amor por sí misma propio del Sol. Sin embargo, engancharse de la experiencia de victimización puede, a veces, ser una manera de sentirse especial. Es el lenguaje mudo del Sol, secreto, desconocido e inconciente que, si se expresa de formas más honestas, puede no sólo proveer curación para nuestras propias heridas, sino también generar un profundo reconocimiento de la ceguera y el dolor de una colectividad que se volvió sobre otra para aliviar su propia sensación de estar herida. Esta dama hizo un largo camino, y su innata firmeza, tenacidad y pérdida del sentimentalismo acerca de la vida, se transformaron para ser no sólo sus mejores recursos, sino también las grandes fuerzas que ha comenzado a ofrecer a otros que sufren de desórdenes alimentarios similares a los que ella sufrió.

El segundo ejemplo es un escritor fracasado, un hombre que toda su vida ha soñado con publicar sus novelas, quien sin embargo, invariablemente se "noquea" a sí mismo produciendo trabajos imposibles de publicar. Él tiene al Sol en conjunción con Quirón en Leo en la 5° casa. Su estilo literario es muy agradable y no tiene un bloqueo perceptible para expresar su talento, pero todo lo que produce siempre es demasiado largo, demasiado corto, demasiado denso, o demasiado incomprensible, o los temas sobre los cuales elige escribir son de alguna manera políticamente incorrectos u ofensivos para un grupo específico, como para que los editores tengan una razón para temer.

Por debajo de estos fracasos en el mundo exterior yace el auto-sabotaje, y debajo del auto-sabotaje yace una profunda convicción de que es menos que nada, de que es estúpido e incapaz de expresarse, y de que si alguna vez logra que un trabajo se publique, será burlado, criticado y rechazado como el peor. Hoy en día él no ha podido utilizar lo que la carta le puede ofrecer, y no ha reconocido totalmente la naturaleza real de su herida. Su niño divino interno fue herido tempranamente por un medio social y educativo que percibió su vívida imaginación, como amenazante, y su intensa preocupación por sí mismo y su necesidad de expresarse, como algo egoísta. Sus padres, hasta donde yo lo veo, no pueden ser hallados particularmente culpables; todos los padres tienen deslices de una manera u otra, y éstos no fueron peores ni mejores que otros.

Pero el sistema educativo en el que él creció hizo lo que pudo para transformar a ese niño divino en un autómata socialmente aceptable. Mucha gente experimenta este tipo de presiones y frustraciones. Pero aquellos con Sol-Quirón en Leo pueden ser particularmente limitados y más fácilmente lastimados por la estrechez y el temor a la originalidad que frecuentemente se encuentran en las instituciones educativas, que pueden llegar a destruir inconcientemente el espíritu creativo que proclaman alentar. La vida, como Quirón bien lo sabe, puede ser muy injusta.

Los aspectos entre el Sol y Quirón no garantizan una solución servida en bandeja. Muchas personas no encuentran su camino para resolverlo. Sin embargo, aunque constituyen un profundo desafío, estos contactos son capaces también de transmitir una forma especial de traer a la conciencia las heridas y de enseñar esta forma a otros. Los aspectos difíciles entre los dos sin duda contribuyeron a que Jung(Sol en Leo fuera de signo en cuadratura con Quirón en Aries) formulara una psicología de lo colectivo y quizá también, llevaron a Dane Rudhyar(Sol en Aries en oposición a Quirón en Libra) a desarrollar una astrología antropo-céntrica que sirviera de herramienta para penetrar e iluminar, más que para el mero pronóstico. No hay duda de que ambos hombres sufrieron y ambos, en ocasiones, mostraron el lado menos atractivo del Centauro herido; no me hubiera gustado estar casada con ninguno de ellos.

Pero ellos transformaron sus heridas en poder creativo y compartieron el don del mítico Centauro de enseñar y curar. ¿Cómo llegaron ahí? ¿Cómo evitamos volvernos un mini-Milosevic y elegimos en cambio la senda que favorece la voluntad de vivir? ¿Cómo llegamos allí?

La casa y el signo en el que Quirón está ubicado nos dice mucho acerca de dónde y cómo la vida nos ha herido. Este es el lugar donde, no importa cuan arduamente pretendamos buscar un objeto específico para culpar, eventualmente descubriremos que las culpas yacen en la brecha entre el ideal y la realidad y en la inevitable imperfección de la naturaleza humana. Podemos necesitar protestar contra la vida, pero si no queremos caer en una amargura corrosiva que finalmente nos deforme y enferme, necesitamos movernos más allá de la fase del furor de Quirón para adentrarnos en la búsqueda de aquello que nos lleva más allá de la identificación con el chivo expiatorio y la víctima, y más allá de la concomitante inclinación a jugar el rol de la víctima propiciatoria.

Esta comprensión requiere una dispensa de la convicción espiritual y moral previa, y encontrar una base más amplia desde la cual mirar la vida. Podemos necesitar renunciar a la idea de que los buenos siempre montan caballos blancos y los malos caballos negros y, debemos ser capaces también, de aceptar el hecho de que a veces gente buena y decente sufre injustamente y que gente desagradable y repugnante se las arregla muy bien y muere en sus ricas y confortables camas, a gusto consigo mismos. Quirón y Walt Disney no son una buena pareja de amantes.

Quirón, el Centauro instruyendo al joven Aquiles. Fresco en la Basílica de Herculano Larousse

¿Cómo encontramos este tipo de comprensión? ¿Cómo aprendemos a tolerar y perdonar genuinamente sin ese superior y auto-satisfactorio "pon la otra mejilla" que enmascara un resentimiento y una rabia profundamente inconcientes? Quirón necesita del Sol para esta tarea. El Sol tiene el poder de afirmar la particularidad y bondad del individuo y, sólo esto, puede contrarrestar el veneno de la auto-compasión. La casa y el signo en el que está ubicado el Sol en la carta natal, reflejan aquello en lo que necesitamos transformarnos, si deseamos sentirnos verdaderamente vivos. Si el Sol está en Aries en la 5° casa y estamos ocupados sacrificándonos y dedicando nuestra vida a los demás, entonces en algún lugar algo no está funcionando, y una profunda deslealtad con uno mismo puede estimular la amargura de Quirón.

Si el Sol está en Sagitario en la 1° casa y estamos ocupados fingiendo que no queremos que nadie se fije en nosotros, entonces en alguna parte algo no está funcionando. Si el Sol está en la 10° casa en Tauro y proclamamos no estar interesados en la seguridad material ni en el reconocimiento social de nuestros talentos, en algún lugar algo no está funcionando. Si el Sol está en 12° casa en Cáncer y nos esmeramos en fingir que no creemos en una dimensión mística e invisible de la vida, psicológica o espiritual, entonces en algún lugar algo no está funcionando bien. Creo que necesitamos preguntarnos a nosotros mismos: ¿Está brillando el Sol en mi vida? ¿Soy yo mismo? ¿O es el miedo a la soledad, a la no pertenencia lo que me hace fingir ser lo que no soy?

Igualmente creo que debemos ponernos frente a Quirón y preguntarnos: ¿Cuál es la naturaleza de mi herida? ¿Cómo me ha lastimado la vida y a quién culpo secretamente? ¿Qué estoy haciendo para compensar, negar, ser indulgente, o proyectar esta herida? ¿Puedo sentir compasión por mí mismo o sólo rabia y auto-compasión? ¿Dónde me siento el chivo expiatorio y dónde trato de curar o destruir a otros para convencerme de que no estoy herido? ¿Dónde me saboteo y hasta me destruyo por causa de mi amargura? Para que el Sol y Quirón trabajen juntos, debemos ser concientes de los dos. Hay una profunda y misteriosa química entre los dos planetas que, si está trabajando para nosotros mas que en contra nuestra, parece movilizar la fuerza de la vida, no sólo para nuestra propia expresión, sino también para la sociedad de la que formamos parte. La alienación y el daño de Quirón impiden que el Sol se transforme en arrogante e insensible; el calor y la alegría del Sol protegen a Quirón de la desesperación.

Como con todos los elementos de la carta, el grado en el que estas dimensiones de nuestra alma nos dan lo mejor de sí, depende de cuán concientes somos de su realidad dentro nuestro. Esta no es una cura para toda la vida. La vida nos seguirá lastimando de tiempo en tiempo, de una manera u otra, y las heridas de Quirón, aunque hayamos podido hacer las paces con ellas, inevitablemente nos roban la inocencia. La voluntad de vivir no se moviliza por la creencia de que la vida es color de rosa, de que todo lo que necesitamos es amor y de que alguna clase de dios-padre-madre, nos recompensará si somos buenos. Está constituida por una materia muy dura y necesita realismo, tanto como fe y fantasía, si es que vamos a dejar esta existencia con la sensación de haber utilizado al máximo el don de la vida, que hemos recibido, por más efímero que sea.

AUTOR : LIZ GREENE

Traducción al Español: Silvia Mercado Vera