Astrología: Quirón, o El arte de cabalgar Dragones

Autor: Alejandro Fau

Alejandro Fau | Astrología: Quirón, o El arte de cabalgar Dragones

Vivimos tiempos en extremo dolorosos como especie. Cierto es que el transito de Plutón por Capricornio no hace que estos tiempos sean muy apacibles y agradables como un alegre día de paseo por el campo bajo un cielo diáfano, pero la incontestable realidad de ello no condiciona el ánimo con el que nos lo tomamos, sino en el cómo es que elegimos escenificarlo como especie y, consiguientemente, en el cómo es que lo sentimos individualmente. Basta con encender la televisión o leer el periódico para asistir al más cruel de los horrores humanos, la eterna y omnipresente guerra. Millones de seres desplazados de sus lugares, heridos profundamente en lo más básico de su condición de vida con familias arrasadas, vínculos mutilados y posesiones, aunque filosóficamente las creamos ínfimas y efímeras, cruelmente arrebatadas por la insaciable codicia de los territorios, los recursos, los poderes y riquezas que tienen unos pocos que se creen superiores por el mero hecho de poder hacerlo, arrebatarlos. Un dolor inmenso, profundo e irresoluble desde nuestra personal condición de individuos, pero que nos marca y lastima aunque no queramos, o prefiramos ignorarlo. Está ahí, siempre presente, aunque no nos toque padecerlo directamente. Está ahí, siempre presente ante nuestra vista, y nos afecta profundamente por la simple y clara razón del que somos también nosotros... simplemente humanos. Qué comprensión de ello puede, pues, la Astrología, aportarnos sobre tan penoso asunto. Lo único que se me ocurre, desde mi privilegiado aspecto de investigador en el arcano arte, es la comprensión de una energía de la que bien poco y mal se ha escrito y descrito como la es la energía de Quirón. Maestro del dolor. Maestro del que va más allá de todos y de todas las cosas...

Quiròn-SolPara un acercamiento a nuestro pensamiento occidental de ello, sé que debo apelar al saber inconsciente y común de la mitología grecorromana para movilizar cierta comprensión inconsciente de la faceta que pretendo describir de la energía Quironeana. Por ello apelare, pues, a la figura que representa preferentemente ésta cultura en su arte de la figura mitológica de Quirón. Dichas representaciones figuran siempre a la imagen de Quirón como portando sobre sí a un pequeño infante, su discípulo. Aquel pequeño ser dado a su instrucción, ya sea por los dioses o los mortales, para convertirse en Dios o Rey entre los hombres y ser asequibles a su comprensión. Debemos pues, ante la atónita mirada de aquellos alejados de la arcana sabiduría, aclarar ciertos aspectos de la significación de Quirón, muy básicos por cierto, de su representación clásica. Quirón es el puente entre lo individual y lo colectivo, entre lo personal y lo transpersonal. Entre lo inconsciente personal y lo inconsciente transpersonal y colectivo, sobre lo que su accionar es meramente incidental aunque definitorio en términos evolutivos. También es una energía que hace a lo personal en tanto lo colectivo, y una suerte de traductor o filtro entre las poderosas energías Divinas y las simples almas profanas. La figura de Quirón es, en sí misma, un monstruo. Mitad Dios y mitad Animal , un estadio algo así como entre el Mono y el Ángel, por decirlo de modo más poético -nada más cercano a la definición de lo humano ¿verdad?-. Pero va mucho más allá de eso, pues es quien nos instruye sobre aquello que trasciende a lo meramente humano y da sentido a nuestra vida. Es la verdadera esencia que nos descubre, aunque impúdicamente, la figura (históricamente tergiversada por la religión judeo-cristiana) del Cristo. Es aquello que nos confronta con lo que está más allá del nosotros para que podamos aceptarlo: El propio Dios. Nuestro propio Dios. Pero sobre el propio Dios, el Dios verdadero, y al que creemos servir como individuos, es algo a lo que nos referiremos en otra parte y en otra ocasión... así que volvamos a lo nuestro aquí, a nuestro prosaico presente.

La imagen que describí antes, la de Quirón portando sobre sí un Niño, debe considerarse como un Todo al tratar con la energía que estamos abordando. No solo porque la energía en sí misma nos habla de la educación e instrucción y del vínculo existente entre maestro y discípulo, sino por lo que representa ese niño en la figura: El Sol. Creo yo que no puede abordarse cabalmente ninguna de las dos energías representadas aquí excluyendo a la otra, pues hacerlo sería tener una comprensión inacabada de ambas. Así pues, primeramente, hagamos un breve repaso de la energía y funciones del Sol dentro de la matriz que representa al individuo al tiempo que desarrollamos el tema.

El Sol es el punto focal de toda matriz ya que representa la energía de individuación por excelencia. A lo largo de su desarrollo aprende del resto de las energías planetarias, hasta Saturno, que le servirán de instrumentos para interactuar en y con el mundo. Por sí mismo aprende con y de ellas a través de la experimentación hasta alcanzar quizá su total dominio, pero ellas no son la totalidad que comprende el universo en el que vive y está inserto. La confrontación con ésta realidad es lo que da origen a lo que llamamos la “Herida Primigenia” en cualquier psique, y en el cómo es que manejemos de allí en más éste hecho depende el cómo desarrollamos nuestras vidas como individuos y el tipo de vinculación que entablamos con nuestros pares y el resto de los seres que la pueblan. La anécdota del cómo y las circunstancia en que ésta herida es adquirida puede rastrearse en la posición de Quirón dentro de la matriz natal y sus aspectos dependientes, lo mismo que la modalidad con que el individuo procurará aliviar su dolor. A partir de ello, pueden obtenerse las bases para desarrollar una psicoterapia más efectiva con la que tratar el individuo. Pero ya llegaremos a ello y no debemos adelantarnos si es que queremos comprender la necesaria razón de que esta herida se produzca. Esta “herida primigenia” se produce cuando la comprensión por parte del Sol del resto de las energías planetarias personales todavía es incompleta. Arquetípicamente esta sobreviene antes del primer contacto con la energía de Júpiter e inmediatamente después de haber adquirido conscientemente la energía de Marte, según la dinámica trazada en la Pirámide Caldea que sigue el desarrollo de la consciencia individual. Veamos cómo es que se produce, arquetípicamente, ésta herida en la secuencia primaria que sigue el desarrollo de la consciencia solar dentro de la matriz zodiacal.

El recorrido que hace nuestro héroe en su camino individual de la comprensión de sí mismo atraviesa inicialmente 7 (siete) fases, las que en la matriz zodiacal están representadas por la consecución de Signos desde Aries a Libra. Es allí, en Libra, donde el proceso de individuación se espeja y se reconoce a partir de encontrarse con una primera otredad igual a sí mismo, el par. Pero aún es incompleto en su desarrollo individual de modo consciente, y es razón de que busque fantasiosamente completarse en esta fase por medio de asociarse indivisiblemente con ese otro. Decimos “fantasiosamente” ya que la combinación de dos incompletitudes no puede dar jamás por resultado un Uno completo, pues el camino de la propia individuación no culmina aquí. La razón de la aparición de ésta primera otredad en esta fase es que es absolutamente necesaria para poder comprender cabalmente las energías planetarias personales que le faltan, Júpiter y Saturno. Hasta aquí, en su recorrido de Aries a Libra, ha tomado contacto con el resto de las energías planetarias personales por sí mismo y sin intervención de ningún otro agente, pero para poder comenzar a desarrollar las restantes es necesario el haber reconocido y aceptado la existencia del otro con el cual deberá ejercitar y desarrollar dichas energías. Esta séptima fase conlleva inevitablemente a una octava, en donde la otredad que se manifiesta no es ya la de un par sino algo inconmensurablemente mayor que sí mismo, que el otro ya conocido, o que la suma de ambos. Esta octava fase es caracterizada por el Signo de Escorpio y su increíble potencia está representada en su planeta regente: Plutón. La confrontación con esta poderosa energía transpersonal es suficiente para generar esa herida psíquica primigenia en la consciencia individual, ya que representa a aquellas circunstancias que están, y lo estarán siempre, fuera de su alcance y control. Dentro de la iconografía clásica esta potestad es representada por la figura de un terrible monstruo: El Dragón. Psíquicamente es este un punto crucial del desarrollo de la consciencia solar, ya que de ello dependerá, y en mucho, la fluidez y el tipo de vínculo que se establezca con la energía de Quirón.

Jinete-DragónA partir de esta experiencia traumática comienza a ponerse a prueba la solidez en la incorporación de las energías planetarias personales con las que se ha entrenado la consciencia solar hasta entonces. Si ésta ha sido pobre, su desarrollo evolutivo se verá estancado en la repetición circular del mismo plano zodiacal hasta que se complete y pueda así continuar con la espiralidad consecutiva que le es propia a la dinámica estelar que representa. A partir de aquí su incorporación de las energías planetarias personales de Júpiter y Saturno será necesariamente imperfecta, quedándose atrapado en sus estadios más bajos tendiendo a proyectarlas en los otros sin lograr incorporarlas como propias, ya que su orgullo herido lo llevará a rechazarlas debido a la inconsciente creencia de su ser indigno. Dicho de otro modo, el alma individual quedará prisionera del Dragón hasta que el ego logre aceptar su irremediable destino de vulnerabilidad individual y su dependencia asociativa. Tras sortear esta octava fase la consciencia solar no encuentra en las energías planetarias personales que le siguen un verdadero maestro que le enseñe a confrontar con el Monstruo. La figura de Quirón, en tanto energía arquetípica, comienza aquí a cobrar singular relevancia en la conformación de la psique individual a partir del vínculo que la energía solar logre entablar con ella. Recordemos que si bien Quirón es el verdadero Maestro, es un maestro en verdad monstruoso, y no es nada fácil a la psique individual el aceptar eso. Esta repetición del plano circular zodiacal es lo que el esoterismo denomina el “Sendero del Hombre Común”, en donde los individuos están sujetos a los vaivenes que les imponen sus propias energías proyectadas sobre el entorno ya que no logran incorporarlas dentro de su propia estructura. Convierten esta repetitiva octava fase en un campo de batalla en donde la frustración y el sufrimiento conforman una constante en la música de fondo de sus vidas, ya que cada encuentro con Quirón les evoca solo el recuerdo de su primer encuentro con el monstruo y el reavivar de la experiencia de la primigenia herida, sin sospechar siquiera que él es el único que puede enseñarles a montar el Dragón.

Las consecuencias patológicas derivadas de lo anterior se traducen de muchas formas
. Las más comunes son los síntomas de diversos tipos de depresión, como la de falta de confianza en sí mismas, el cinismo, un sentido de victimización... o en el deseo de victimizar a otros; puede dar tanto la sensación de inferioridad como la proyección de esa inferioridad sobre los otros en el desarrollo compulsivo de actitudes sexistas, clasistas, racistas o de otras igualmente discriminatorias con fines denigrantes. Esta sintomatología es un breve muestrario de la energía de Quirón cuando es “rechazada” o negada por la consciencia solar. Puede incluso manifestarse como lo opuesto a la solaridad, que es la pérdida de la voluntad de vivir. Aunque no siempre la pérdida de la voluntad de vivir puede tener como resultado la autodestrucción extrema del suicidio. Puede expresarse también como el impulso de querer destruir a los otros, como si, en un nivel profundo e inaccesible de su psique, la proyección de la desesperanza y la victimización de otros le diera al individuo que sufre la ilusión de que es fuerte y que realmente está controlando su vida. De esta manera, la persona que secretamente ha perdido la voluntad de vivir puede, en extremo, tratar de privar a los otros de la alegría -y quizás aún de la vida- encontrando una víctima propiciatoria que pueda cargar con toda la desesperación que siente dentro suyo. El abanico es inmenso, y va desde aquellas personas que consideramos simplemente como gruñonas o cascarrabias, pasando por los resentidos sociales de distinto grado, hasta llegar a los verdaderos genocidas. Todo depende del resto de la configuración de la matriz natal del individuo, y su disposición para aceptarla o no de manera consciente. Hay algo que debemos comprender primeramente de todo esto. Todos los planetas personales sirven al desarrollo del ego individual y luego "sirven" al Sol como centro de la individualidad. Pero no Quirón, él yace en la interfase entre Saturno y los planetas exteriores, por eso mediatiza las cuestiones colectivas que impactan y hieren al individuo. La implicancia colectiva de Quirón significa un algo no cicatrizable desde lo individual, porque la herida existe en lo colectivo y es ancestral. Pero que Quirón no sirva naturalmente al Sol, no significa que no pueda trabajar asociado con él. En el mito era el padre quien entregaba a su hijo, ya sea futuro héroe o rey, a Quirón para que lo instruya. Esta acción de entregarse a la energía Quironeana implica gran responsabilidad y consciencia de la propia limitación para emprender solo la tarea. Hace falta haber incorporado el suficiente Saturno para tener la disciplina necesaria que implica el montar un monstruo que por definición nos supera.

La melancolía que Quirón puede generar por medio de la aceptación consciente de la propia finitud y del irremediable dolor de nuestra herida al ser entibiada por la luz del Sol, puede llevarnos a tener una mayor profundidad de pensamientos y sentimientos, movilizando así en nosotros la firme determinación de contribuir al bienestar de los demás participando más activamente de lo colectivo en pos de ideales que trascienden nuestra propia persona. Podemos encontrar una clase diferente de compasión, no sólo por aquellos que han sido lastimados de la misma forma que nosotros, sino por gente cuya experiencia no se iguala necesariamente a la nuestra pero que sin embargo merecen compasión por el sólo hecho de que todos somos seres humanos y estamos igualmente heridos. Si uno ha perdido un ojo es fácil sentir simpatía por los tuertos como nosotros y odiar a aquellos que son lo suficientemente afortunados como para disfrutar de una visión más completa. El Sol trabajando con Quirón puede engendrar suficiente generosidad de espíritu como para reconocer que todos los seres humanos sufren por el sólo hecho de estar solos y de ser mortales, y que esa herida específica que se tiene no es mas especial ni más merecedora de compasión que otras. Es muy posible que aquellos que públicamente proclaman su compasión por los palestinos de Gaza, también sean los que tengan muy poca compasión hacia sus vecinos porque son “morochitos”, o gays, o judíos, o bolivianos; no se trata aquí de declaraciones públicas, sino de acciones y actitudes silenciosas y cotidianas. El Sol trabajando con Quirón anula tales hipocresías para llevarnos a compartir la esencia del corazón humano. El Sol trabajando asociado a Quirón, si bien tiene el astro mucho que aprender del viejo Centauro, es de una tremenda potencia curativa, pues no debemos olvidar que tanto uno como el otro son reconocidos como “sanadores” en todos los mitos que los refieren. Es más, el Sol trabajando asociado con Quirón puede activar la voluntad de vivir y luchar no solo en un ciego nivel egoísta, sino por la causa de que el sentido de finalidad personal se ha combinado ahora con el sentimiento de empatía por la lenta y penosa lucha hacia la luz que existe en toda cosa viviente. El ejemplo de la lucha que mantienen en Argentina las Abuelas y las Madres de Plaza de Mayo que supera el afán de lo personal en resolver su propio dolor y va en pos de la justicia para la comunidad toda, es una muestra viva de ello.

Maestro-QNo es necesario que exista un aspecto directo entre el Sol y Quirón para que ambas energías puedan aprender a colaborar entre sí, pero aquellos que tienen un aspecto directo entre ellos probablemente les resulte más fácil de lograr la integración -me atrevo a decir que en estos casos es su “destino” aprender a hacerlo- y conseguir conocer, en un nivel muy profundo, cómo la injusticia de la vida puede dañar el espíritu humano y dedicar su considerable energía y fortaleza a dejar el mundo como un lugar mucho mejor de lo que era cuando llegaron a él. Hay muchos ejemplos de gente famosa con aspectos entre el Sol y Quirón, que ilustran este punto (pueden consultar nuestro apartado de Cartas de Famosos en donde encontrarán montones o alguno de los compendios impresos que pululan en las librerías). Sin dudas un caso paradigmático de alguien con Aspecto de Cuadratura entre el Sol y Quirón es Carl Gustav Jung, -deliberadamente elijo un aspecto “duro” para quitarles el miedo de sus posibles consecuencias- que sin ninguna duda contribuyó no poco en el planteamiento de su Psicología de lo Transpersonal que lo ha hecho tan famoso, pero si nos tomamos el trabajo de leer su biografía notaremos que no ha tenido una vida lo que se dice fácil para lograrlo. Los aspectos “blandos” entre el Sol y Quirón no garantizan una solución servida en bandeja ni mucho menos tampoco. Sin embargo, y aunque constituyen un profundo desafío para cualquiera, estos contactos son capaces también de transmitir una forma especial de traer a la conciencia las heridas y de enseñar esta forma a otros, pues suele estar presente en las matrices natales de muchos reconocidos maestros. Muchas personas no encuentran su camino para resolver esta polaridad planetaria poco reconocida hasta ahora, basta con mirar en torno nuestro -ni siquiera con ojo atento- para ver la verdad de ello. De hecho, la mayoría de las personas que habitan nuestro planeta no lo han hecho. Pero no se trata de desidia, pereza o cobardía personal; es que vivimos en una civilización y cultura globalizada que genera las condiciones menos favorables posibles con el fin de sostenerse a sí misma. Aunque cueste creerlo, la generación de desilusión, frustración, desesperanza y dolor, son indispensables para sostener el actual estado de las cosas y la posición dominante de unos pocos por sobre los otros muchos.

La resolución de esta polaridad planetaria no es algo que el individuo debe llevar a cabo a fin de solo mejorar su calidad de vida, llevar a cabo este desafío desde esa óptica no le acarreará más que nuevas e interminables frustraciones, sino que es una tarea que debe emprenderse con el ánimo de lograr un avance, aunque mínimo, en el colectivo humano como especie. Con tanto movimiento ecologista pululando por ahí tratando de dejar un planeta mejor a las generaciones futuras, debemos realmente comenzar a pensar el también dejar a nuestro planeta una humanidad mejor que la que actualmente hemos logrado.

Para terminar, quisiera disculparme ante los lectores profanos por la cantidad de tecnicismos empleados en la elaboración de éste escrito, pues seguramente le habrán quedado muchas lagunas lógicas en los razonamientos o puntos francamente oscuros e inabordables. Deben comprender que este artículo fue exclusivamente dirigido a mis colegas y a estudiantes del arcano arte desde el inicio, pues trata de un tema poco aclarado e insuficientemente debatido en nuestros círculos investigativos. Si he de escribir, tal mi compromiso, para Todos, justo es también que de tanto en tanto escriba también para ellos... Muchas gracias... :)

http://www.astropampa.com/art-110-astrologia_quiron_o_el_arte_de_cabalgar_dragones.htm