Lo que pide, paso a paso:
1👉- Aceptar el caos como señal. Los síntomas (enfermedad, estrés, incomunicación) muestran las áreas desatendidas en lunas anteriores. Conviene observar cómo reacciono: si me intimida, si me quejo o si espero que otro lo resuelva. Si el cuerpo pide reposo, hay que dárselo.

2👉- Hacer un inventario de la vida. Listar todas las áreas que dependen de mí: salud física, emocional, mental, existencial, espiritual, vincular, social/laboral, financiera y moral, más los quehaceres administrativos y domésticos y las ocupaciones elegidas (mascotas, jardín, etc.). Después, distinguir qué es periférico y qué no se puede postergar más.

3👉- Elegir entre dos caminos. La tendencia entrópica es el deterioro que ocurre cuando no me ocupo de mi parte. La tendencia actualizante es la evolución que surge cuando sí me ocupo.

4👉- Trabajar la agenda. Primero, limpiar lo que sobra (objetos, actividades, personas, lugares) y los tiempos y espacios disfuncionales. Después, organizar las próximas semanas como un rompecabezas. La pregunta clave es cómo encarar la agenda estando alineado, no alienado, sobre todo frente a los trámites que no puedo delegar y que me fastidian.


5👉- Gestionar. Revisar si hacen falta nuevas técnicas, herramientas o una redistribución de tareas para que el día fluya mejor.  Cuidar el cuerpo según lo que aparezca: yoga para el estrés y las contracturas, buena alimentación para los problemas digestivos y descanso para el cansancio. También delegar lo que se pueda y respetar los ritmos naturales.


6👉- Presencia en lo cotidiano. Convertir lo repetitivo y mundano en práctica consciente, al estilo zen. Por ejemplo, encontrar paz interior mientras se hace una fila. La pregunta guía es cuánta presencia estoy dispuesto a sostener.

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